Monday, April 17, 2017

LA HISTORIA A LA QUE DIO VIDA HUAYRASUNCU (Comentario al libro "Corazón de Viento" de Dimas Arrieta) Por Teodoro J. Morales

LA HISTORIA A LA QUE DIO VIDA HUAYRASUNCU

(Comentario al libro "Corazón de Viento"de Dimas Arrieta)

Por Teodoro J. Morales



La vida a cada instante, va descubriendo nuevas realidades de existencia… es como un río misterioso, del que no deja de fluir hechos que no dejan de sorprender por las verdades que descubre. Los escritores, con ese don que tienen, y con el que nacen, recrean muchas de esas vivencias, y en cada libro que publican, al leerlos, encontramos nuevas experiencias valiosas de vida. Muchos creen que ya todo se vivió y que todo fue dicho, pero, en definitiva no es así.
Dimas Arrieta Espinoza (1) en “Corazón de Viento” (Bitácora del Explorador)”, relata la historia de vida de  Manuel Eugenio Ramírez Noblecilla a quien el cacique Cosme Chinguel llamó Huayrasuncu (Corazón de Viento), hijo de Juan Francisco Ramírez y de Mariana Noblecilla. Él, tuvo tres hermanos: Federico, Salvador y Leticia. El pueblo de origen de sus padres y de él, es  Zaruma, de donde sale a conocer el mundo, viaja a Europa, luego, va a realizar su vida en tierras de las que nunca había oído hablar, y de las que no sabía que existían.
Manuel Eugenio, era de familia de clase media. Su padre (en vida) entregó a sus hijos la herencia que les correspondía, y con ella cada uno hizo su suerte; y, Manuel Eugenio con lo que le correspondió se fue a Europa, de la que regreso sin pena ni gloria después de haber gastado lo que había recibido como herencia. Su tío Teodoro Ramírez Carrión, fue quien lo ayudo a realizar su vida, entregándole dinero para que realice ese proyecto de vida que él no pudo hacer, le dijo: “Tú vas a fundar pueblos. Vas a abrir mundos herméticos” (…)tu destino es ser reconciliador y sanador de heridas”
Esa historia, con sus hechos, se remonta a 1825. Él, sale de Zaruma, pueblo de origen de sus padres y suyo, en busca de la tierra que el destino le tenía señalado para fundar nuevos pueblos, y realiza el viaje para llegar a esas tierras  en las que debía de construir su destino, las que las encontró en un reino del mundo andino cuyo Cacique era Cosme Chinguel, tierras que comprendían Andanjo, Pundin, también Vado de Grazas y Barrios que limita con Lalaquiz. Tierras que están más allá de Pariamarca, llicta y Gualgual, incluido Pajonal Chuiquito y Sapse., y las tierras donde se asentó  a la que llamó PALAMBRA, donde estableció su molienda de caña Villaflor (los indios conocían ese lugar como Sumaqtiki = bella flor),  y donde fundó una familia con Clara Adrianzen Guerrero (ella, nació justo el día en que él llegó a estas nuevas tierras, hija de Felipe Adrianzen Guerrero y de Graciela Guerrero) con la que tuvo cinco hijos (Juan Francisco, Telésforo, Manuel Eugenio, Miguel María y Micaela), de los que murieron los tres últimos, y con Juan Francisco y Telésforo, que quedaron vivos, realizó el sueño de su vida.. Esta hacienda, lo conformó tres o hasta cuatro fundos, en la que se promovió la industria de la caña, y el negocio con el cañazo, la chancaca, las panelas y otros derivados, todo el que le dio bonanza. Esta conquista en estos reinos lo pudo hacer con el dinero que su tío le había dado, y así hizo realidad ese gran sueño. Esa es la historia, en términos generales.
Es una historia, muy significativa. En ese proyecto de vida, se expresa la voluntad de realización de vida de dos culturas: la occidental, y la andina. Manuel Eugenio, representa a la primera, el Cacique Cosme Chinguel  y el Taitay a la cultura andina. Nada fue fácil, la vida le enseño que “los indios tienen la razón, y que fueron nuestros abuelos quienes llegaron y violentaron sus mundos”; y se tiene que aceptar aquella verdad que se ocultó, que nunca fue dicha: que, los invasores vinieron y les quitaron sus tierras a los antiguos peruanos, aplicando la más despiadada estrategia, durante más de tres siglos, impusieron una “sumisión completa a estos seres humanos”; y, “mucha oscuridad y barbarie vino de Europa a estas tierras y reinos, a los que por tantísimos años gobernaron dictados desde los cielos, a lo que tenían una fe ciega, tanto que los llevó a decir ”cuando los astros nos aman no importa el poder de los hombres, ni la insolencia de quien gobierna, ni los títulos de tierras que parcializan y fragmentan los mundos, ni las religiones que crean los hombres”, Y, solo venimos a cumplir nuestros destinos”. En definitiva, la vida demanda comportamientos leales con todo lo que nos rodea. Tenemos compromisos con todo lo que nos propicia la vida misma. Depende de todo ello.” Todos los grandes aconrtecimei9ntos de nuestra civilización están ahí, en los astros. Luego de una reflexión profunda de todo lo acontecido, y que se relata en esta historia, bien podemos terminar diciendo “cómo le hemos dado la espalda a la vida”.
El día que inició el viaje para realizar su destino, Manuel Eugenio, pudo entender “cómo duele abandonar la tierra donde has nacido, tu hogar, tu familia”. No es nada fácil crearse un destino en su principio. No hay nada fácil en la vida. La vida le enseñó que, “así como te cachetea y te hace beber las lágrimas de tu propia desilusión, también te hace saborear las grandes dulzuras que la naturaleza humana ha cultivado”.
Manuel Eugenio, deja el mundo en el que nació, vivió, creció y se formó, para ingresar a otro distinto y desconocido, donde la gente tenía una religión arraigada a la tierra y con una creencia en los astros; mundo, donde  “hay ojos por todas partes. Aquí te miran los cerros. Te escucha la lluvia, te espera el viento y te cantan las aves”, aquí, “los cerros hablan, los montes escuchan, los vientos te amarran y las lluvias te ahogan”, y,  “los cerros caminan, los cerros amparan, los cerros hablan entre ellos”. Aquí, todo habla, por supuesto, sin tener la voz como los seres humanos. El mundo andino, tiene una riqueza cultural que los invasores no supieron valorar ni cuidar, por el contrario trataron de destruirla. En este mundo nuevo para él, Manuel Eugenio terminó creyendo en los indios, en sus tradiciones, en sus costumbres, en su visión de la vida y en su modo de ver el mundo” Él, aquí volvió a nacer y a levantar un ánimo y una construcción en un ser humano”. Entendió muchas cosas, aquellas que creía imposible de ser, por ejemplo comprobar que con un silbido en el mundo andino podían llamar al viento para arrear las cosechas”; y conoció del significado e importancia de muchas ceremonias, como  “los pagos a la tierra, a los aires los cariños que podemos darles”, el pago con sorbos de chicha de maíz para brindar y hacer salud con la tierra, con los cerros, con la naturaleza y con los astros”; y termino entendiendo que “la formación occidental, la que adquirió en el mismo mundo Europeo de nada le servía, y tuvo que admitir que tenía que empezar de nuevo, y la nueva realidad de vida que asumía lo obligó a interiorizarse en estos reinos. Eso, lo llevo a admitir que había vuelto a nacer, tomando consciencia de aquello. La vida le demostró que nosotros somos los analfabetos, porque ignorar esas formas tan antiguas y depuradas que los habitantes del mundo andino tenían para leer los signos”. Él, a la final tuvo que hacer a un lado toda  la cultura y costumbre que le impusieron las formas occidentales que tenía de pensar, de mirar, de apreciar el mundo y las estrellas; el Cacique Chinguel le dijo, aquí rige lo que tus ojos ven “los pájaros hablan con solo echarse a volar. Las plantas florecen y en tdoo instante nos dicen cada momento en que nos encontramos”, lo que sucede es que nosotros no sabemos leer ese lenguaje.
En esta historia, la del libro, se habla de la colonia de mujeres las Capullanas;, y por boca de Chantalá, la anciana que presidia esa comunidad,  sabemos que la primera guerrera y libertadora del yugo de los hombres a las Capullanas fue Yékuala; que, este reino se llamó Piyurha (donde moran los dioses); y contó que “Los hombres salieron a luchar por defender su región, nunca más regresaron; y que, ellas sobrevivieron a toda clase de inclemencias, intromisiones, sequias, pestes, pero resistieron y formaron la Hermandad de las Capullanas.
En más de las veces, leemos un libro y pasamos sin tomar atención a muchas cosas, y por lo mismo no desarrollamos reflexiones sobre su contenido. Eso, es fruto de que no somos conscientes de lo que debe ser una auténtica lectura de un libro. En el de Dimas Arrieta, encuentro muchos temas dignos de reflexión, por  ejemplo el de la escritura en el mundo andino: Hay que empezar por dejar en claro que,, “la escritura occidental no es la única grafía donde los seres humanos confían sus emociones, sus tristezas, las dudas, las reflexiones, sus pensamientos y también sus asombros ante sus propios descubrimientos” (…) “la pedantería de creer que solo existe la escritura alfabética y que es la única”, cuánto daño irreparables le hizo a la civilización humana, se creía que después de la escritura occidental no existía una grafía con esas potencialidades para transmitir conocimientos y sabiduría”. La pedantería occidental hizo mucho daño.
Manuel Eugenio, sentía que estaba cruzando el puente de la vida hacia otro reino, no sabía si de la oscuridad o de la luz, pero, sabía que era bueno. Luego de haber vivido lo suficiente y haber entendido lo valiosos que eran los conocimientos de la cultura andina, se preguntaba: ¿cómo hacer un pacto con los astros, con la tierra, con la lluvia, con el viento y con las aguas para vivir siempre y ser después de nuevo un verdadero Huayrasuncu? Claro, no era fácil eso. Apoenas si había asomado a ese mundo maravilloso de los antiguos peruanos. Él, y el Cacique Cosme Chinguel eran conscientes del importante papel que tenía sus vidas, ellos, decían seremos el comienzo de un verdadero descubrimiento, y en verdad lo fueron.
Luego de concluir con la lectura del libro, reviso mentalmente lo que se vivió en esa historia. Las verdades, siempre han estado ante nuestros ojos, pero, nuestro entendimiento no se atrevió a interiorizarse en ellos. Pero al fin, la vida termina por enseñarnos, que “Hay amores de los que uno no se escapa. Esos son los más fuertes, los cristalinos, los más tiernos, los que nos acompañan hasta la misma tumba, esos son los amores a la tierra donde uno nace”; y ella, al mismo tiempo, nos enseña “cómo efectivamente se descubren las cosas y como realmente se vive en paz con los demás y con uno mismo”.



NOTAS:

(1).-Dimas Arrieta Espinoza, nació en Piura (Huancabamba, El Faique) en 1964. Licenciado en Educación. Ejerce la docencia universitaria en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Entre las publicaciones que tiene, figuran: “Concierto de la memoria”, “Recuento de las épocas memorables”, “Orientación de las señales”; “Homenaje para una mujer soñada, “40 Coros”, Un solo canto”, “Camino a las Huaringas”, El jardín de los encantos”, entre otras obras.

(2).-“Corazón de Viento” (Bitácora del Explorador)” de Dimas Arrieta Espinoza. ARSAM. Primera edición, agosto 2014.335 pp. Formato: 14 x 22 cm

Friday, April 7, 2017

CATALINA HUANCA EN RESTOS ARQUEOLÓGICOS QUE EL TIEMPO CONSERVA (Comentario al libro "Descubrimiento de la ciudadela arqueológica “Catalina Huanca”") Por Teodoro J. Morales

CATALINA HUANCA EN RESTOS 

ARQUEOLÓGICOS  QUE EL  TIEMPO 

CONSERVA

                                          Por Teodoro J. Morales



Mucha de la riqueza cultural existente en el Perú, el tiempo, lo guardó bajo tierra; en todo su territorio, existe restos monumentales, obra del hombre andino de la época pre Inca e Inca, que aún no ha sido descubierta, una de las que asomo desde el olvido fue Macchupichu, al igual que muchas aún permanecen ocultas a lo largo y ancho de nuestro territorio.
Eleuterio Casimiro Baldeón (1), en la afición que tiene (explorador de minas) con “formación autodidacta”, recorrió casi toda la región central; él, “en esa ocupación de sus trabajos de exploración y prospección minera para la Empresa Consultora Minera “Anglo Peruana Terra S. A.”, realizados en la jurisdicción del nevado “Marairazo” (Cochas- Concepción), cerca al poblado de Macón., conoció de la riqueza natural que tiene este territorio y de los secretos que guarda, como la existencia de la ciudadela de la época pre hispánica de Catalina Huanca que se encuentra dentro de la jurisdicción de la provincia de Concepción, que permanece enmontada, no visible a los ojos de la gente, y, luego de recorrerla admitió que se trataba de un descubrimiento importante. Dice que, la ciudad perdida y abandonada por más de 400 años, en la espesura de la selva alta, se encuentra en una gran explanada, llena de inmensos árboles, que cubren toda visibilidad”.  Eso, lo dice en el libro que publica, al cual titula Descubrimiento de la ciudadela arqueológica “Catalina Huanca (2).
El autor del libro, reconoce que, el “lugar donde se encuentra la ciudadela arqueológica, no era desconocida para los pobladores de la zona”; y que la ubicación de ella, “fue una coincidencia con el trabajo de exploración minera que realiza”; por lo mismo, no se trata de un descubrimiento; el mérito de Eleuterio Casimiro es, dar a conocer la existencia de ella, y su preocupación a que se proceda al “reconocimiento, delimitación y declaración, como patrimonio cultural”.
Luego de haber leído el libro, puedo decir, es una crónica de viajero, en el que se registra y se da cuenta los hallazgos que encontró en el recorrido que hizo por la región en su trabajo como explorador minero, que se inicia en 1974; el que le permitió conocer lugares, que son de verdadera atracción turística: Por ejemplo, La “Piedra Escrita”, que se encuentra  al “cruzar el tramo del abra por el cerro Utculazo y cerro Punto. Es, según indica una inmensa roca con inscripciones, jeroglíficos, que, el Ing. Joseph W. Smith, en fotografías, llevó a los Estadios Unidos para ser descifrados por especialistas, para conocer lo que expresa su contenido. Casimiro, dice que: cuando Smith regresó, se supo que esos jeroglíficos “contienen datos de muchísimo valor para el Perú, y para la historia nacional”; y que, “con esos datos conocieron la existencia de varias minas de oro, plata y tesoros escondidos”. No dice más.  
También habla de “Plaza Azul”, del que dice, es un lugar casi sagrado, que servía a Catalina Huanca como lugar donde realizaba sus meditaciones; y. lo más importante que encontró en ese recorrido de trabajo que realiza, es la ciudadela arqueológica de Catalina Huanca.
Esa ciudadela según dice, y se visualiza en las fotos que publica en el libro, se encuentra cubierta por la espesura de la selva, por lo mismo, ella, se encuentra casi bajo tierra, siendo necesario realizar trabajos de limpieza para conocer su real importancia; el autor del libro, precisa que se “encontró muchas construcciones de piedra” muy antiguas y rústicas, cuyo abandono es de muchos años.
En conclusión, el libro, es un diario de viajero, en el que se registra y se da cuenta un trabajo que se realiza; como dice Gustavo Solís Fonseca, “trata de exploración de yacimientos mineros”, en la zona central del Perú.
Visto desde esa verdad de contenido, el título que se da al libro es demasiado pretensioso. Luego de leer el libro, uno llega a conclusiones, como aquella que se indica en el prólogo del libro,  que el abandono de las minas en el Perú en el tiempo de existencia  que tiene nuestro país, se debe “no a la pobreza o el agotamiento de los yacimientos”, sino “más bien las crisis traumáticas de las sociedades de la zona de todos los tiempos parecieran explicar”, aquello; y que, los hechos traumáticos que afectaron la explotación minera, se dieron en tres momentos: El primero, con “la conquista incaica de la zona central, que genero una gran crisis que desarticula la actividad económica de la época causando el abandono de minas que estuvieron en producción”; el segundo, con “la conquista española del Tahuantinsuyo, que desarticula toda la organización existente para la explotación minera”; y, el tercero, la Independencia del Perú que deja de lado, o le da poca importancia a la explotación de yacimientos mineros”; y, el tema del denominado descubrimiento de la ciudadela “Catalina Huanca”, es, consecuencia de lo que se encontró y conoció en esos viajes de trabajo; por lo mismo, lo referente al registro de información sobre explotación de yacimientos mineros en la zona central del Perú debió de tratarse independiente; y lo atinente a la localización de la ciudadela Catalina Huanca, como tema específico, debió tratarse de manera independiente, y no de manera referencial,  fundado en información de fuentes documentales que permitan esclarecer el lecho histórico, y no quedar como dice el autor del libro en una simple información del “descubrimiento de la ciudadela”.


NOTAS:
(1).- Eleuterio Paulino Casimiro Baldeón nació en Tarma (Carhuacatac) el 26 de Mayo de 1947. Hijo de Emilio Casimiro Rosario, y de Isidora Baldeón Espinoza. Sus estudios primarios los hizo en la E.E. N° 522 en Magdalena del mar. Luego hizo estudios a distancia, sin culminar. Contrajo matrimonio con Rosa Sabina Alcocer Salazar. Tiene cuatro hijos (Juan José, Benita Isidora, Freddy Antonio y José Luis Casimiro Alcoser).

(2).- “Descubrimiento de la ciudadela arqueológica “Catalina Huanca”.; Tomo I, 153 pp. Primera edición, marzo 2017. Impreso en los Talleres de “Precisa Estudio de Diseño S.R.L. Huancayo. Prólogo: Gustavo Solís Fonseca. Formato: 15 x20.5 cm.


Sunday, April 2, 2017

CARLOS ORIHUELA CON “VALLE DE ENTONCES” INGRESA A LA NARRACIÓN (Por Teodoro J.Morales)

CARLOS ORIHUELA CON “VALLE DE 

ENTONCES” INGRESA

A LA NARRACIÓN

Por Teodoro J.Morales




En uno de sus viajes, a Tarma, Carlos Orihuela (1), en una Tertulia tenida en la Casa de la Cultura, anunciaba, la publicación del libro, el título era “El Cabezuela y otros Relatos”; esa obra, finalmente fue impresa con el título ”Valle de Entonces” (2).
Los tarmeños conocemos a Carlos, como poeta, así lo presentan sus libros y plaquetas que publicó: “Dimensión de la Palabra” (1974); “A Ras del Tiempo” (Plaqueta – 1977); “Abordar la Bestia” (1986), “Nube Gris” “(2001); claro, eso, en modo alguno, impedía a que ingrese al trabajo narrativo.
Es cierto, no es común que un escritor sea poeta y narrador al mismo tiempo, con la misma calidad, en ambos géneros; pero, en Tarma, tenemos casos como el de Eleodoro Vargas Vicuña, fue un escritor excepciones tanto en la poesía como en la narración, haciéndose merecedor al Premio Nacional de Poesía Fomento a la Cultura “José Santos Chocano” (1959) con “Zora, Imagen de Poesía”; y, al Premio Nacional de Novela Fomento a la Cultura “Ricardo Palma” (1964) con “Taita Cristo”. Eleodoro, trabajó con la misma maestría ambos géneros; igual, Andrés Mendizábal Suárez, trabaja la Poesía y la narración con igual acierto, quien, se hizo merecedor al Premio Nacional de Literatura Infantil con “El Colibrí Tornasol y sus Amigos”, y/a premios por su trabajo en poesía; y de seguro, si revisáramos detenidamente la obra de los escritores que se tiene en el país, sumariamos a los anteriores, muchos otros nombres.
Luego de un preámbulo, como el que antecede, que sirve de marco a lo que viene, diré: “Valle de Entonces”: son catorce relatos, en los que ─el autor─ recrea momentos vivenciales que tuvo en Tarma, en la etapa de su adolescencia.
Luego de leer el libro: siento, volver a reencontrarme con momentos que fueron y con emociones que tuvimos en uno u otro momento de nuestras vidas, con aquellas locuras muy propias de un niño y un adolescente, en etapa de estudiante, en la que fuimos actores de hechos similares a las historias que se relatan y están en este libro; en esa etapa de heroicidad que tuvimos, los días se atiborraban de sueños fantasiosos y románticos. muchos de los cuales, corrido los años, se ven realizados en la literatura. .
El Tiempo del Trompo: es toda una estampa de uno de los juegos que tuvimos en aquella etapa de nuestra niñez, en el que: los juegos llenaban de ilusiones nuestras vidas. Carlos Orihuela, describe aquel momento, que devuelve a nuestros recuerdos hechos vivenciales que ya íbamos olvidando, y nos vuelve a hacer vivir aquellos momentos en el que un niño trata de “someter al escurridizo juguete, obligarlo, como a una mascota, a maromas, a impensadas acrobacias”.
Esos hechos, devuelve a la memoria de Carlos, a: Chicle Arenas, Chato Altman, Tuta Andrade, y, Caballito Espinoza; que tiempos los de entonces, en los que había que saber de “los secretos del cordel, los movimientos de las manos, los desplazamientos del cuerpo, la cabeza y los dedos”; así como, saber reconocer las ventajas del terreno “declives, depresiones, efectos de la arena, el polvo y las piedras”; o conocer de “diseños, defectos y materiales” de un trompo (mucho tiene que ver –en ese juego- conocer de los secretos en el lanzamiento, la preparación de cordeles, y las técnicas en el arreo); y que decir, las reglas que se observa en aquel juego.
Carlos Orihuela, nos devuelve a tiempos que fueron, para hacerlo, no deja de lado el lenguaje y la terminología propia que tiene ese juego: “Chantar”, “Arreador”, “cocina”, “mancas”, “cushpis” o “cahua”; no inventa nada, devuelve a la vida hechos que vivió y vivimos, y las inmortaliza en su palabra.
El jugador –en ese juego- tiene que demostrar sus habilidades, su originalidad; controlar el trompo sobre las más escarpadas superficies: las manos, los dedos, los hombros, la mandíbula, la cabeza y hasta la nariz y la espalda; sacarle zumbidos espaciales, chillidos de violín o pájaros, vibraciones de ametralladora o redobles de tambor; hacerle dar saltitos de gallos de pelea o brincos de boxeador; hacerle dibujar ochos, caracoles, zigzags o líneas serpenteadas, en fin, todo lo imposible para un público siempre insatisfecho. Hay que haber vivido todo eso, para recrear con maestría aquellos momentos que desataba pasiones colectivas. Hay que haber sentido esas emociones, propias de una etapa de heroicidad, vividas en nuestra niñez, para hablar o escribir de la manera que lo hace Carlos, y él lo vivió; tanto que confiesa confidencialmente: “No pretendíamos hacernos campeones, luchábamos sólo por atenuar la marginalidad. Por mantenernos dentro de ese mundo al que sentíamos pertenecer”.
Los relatos de “Valle de Entonces” fueron escritos no solo con la intención de recrear momentos que se vivieron, para que no mueran nunca; hay algo más: ellos encierran mensajes de verdadera formación social; por ejemplo, en El Cabezuela, relata la historia de un personaje que no falta en toda Institución Educativa, aquel estudiante díscolo que rompe todos los esquemas establecidos y no respeta ninguna norma, para él que no existe valores que sujete su conducta, que lo lleva a hacer de las suyas y/a imponer su modo de ser y sus caprichos, haciendo leña de todo aquel que se le opone como obstáculo en su camino… “nadie podía con él en la sección, que, se paseaba hasta sobre los profes”. Este limeño “vino a cambiar la vida de la promoción donde todos nos conocíamos desde la primaria”. Carlos Orihuela, en este relato, cuenta lo que sucedía a los profesores que osaban ponerle un cero, a esos, el cabezuela, los buscaba el viernes por la noche en la chingana después del fulbito, lugar que frecuentaban, donde “ (…) “después de cuatro cervezas (que se tomaba) se hacía el borracho y les conectaba un par de derechazos y los mandaba a dormir y nadie podía quejarse porque no podían correr a la comisaria diciendo que uno de sus alumnos los había masacrado en un bar”.
El cabezuela, en el relato, en menos de dos meses, había impuesto su ley; arrasó con todo y con todos “en especial con los más recios los de la selección de fútbol”; y, los más pintados (“Toro Quintana”, “Goliat Rimari”, “Cholo Valentín”, “Alacrán Díaz”) cayeron uno a uno. Los había esclavizado en un dos por tres en su propia casa, sujetándolos a sus caprichos; había empezado por los más débiles, y termino con los más pintados; así fue, uno a uno, los sojuzgó; cuando creía haber terminado con todos, que no quedaba nadie que le pudiera hacer sombra; uno, a quien no tomo en cuenta, al final de la historia, puso término a aquello; ese personaje que pasó inadvertido, dice “nos tocaba el turno alguna vez nos llega y demora en regresar si la desaprovechas”. Así como el cabezuela había estructurado su plan para avasallarlos, aquel, le preparó lo suyo, “había que mandarlo al infierno madrugarlo darle de su propia medicina tú lo sabes a maldito maldito y medio ¿o no te has dado cuenta? El mensaje, es claro: No hay que dejarse avasallar por nadie, y si se da ese peligro hay que luchar para no perder esa libertad a la que tiene derecho toda persona; y en, el Partido Final, habla de esas tardes deportivas, en las que se defiende los colores de un Colegio; en este relato, el tripita Pérez, es el que hacía las tardes con sus goles, con su juego, con su picardía; “hacía goles de media cancha, de caracol, de pescadito, se desbordaba por las alas, avanzaba indetenible, como una centella, barría a la defensa, penetraba al área chica, y sus golazos eran una explosión en el pecho. Era un genio en el campo de juego “sus quiebres, sus bajaditas de pecho, sus colocaditas de taco, sus cañonazos al rincón de las animas”. Era la pieza imprescindible del equipo. En esa emoción juvenil, en el que con cariño defienden los colores de su equipo, en   los que se suda la camiseta para alcanzar el triunfo y la gloria. Este relato, si bien habla de esos momentos de efervescencia juvenil en el que se desbordan emociones, enseña que esa juventud en medio de todo aquello, va formándose y alcanza la madurez, y entiende que no debe condicionarse el triunfo a un jugador sino actuarse en función al equipo, no importando la ausencia de un jugador por más bueno que sea; y en el caso de El Parido Final, los alumnos llegan a entender que la falta de Tripita Pérez no debía de ser determinante, que, “los partidos se jugaban dentro y fuera de la cancha antes y durante el juego”, y, ese día, en el que se jugaba el desempate, la clasificación”, en el campo estaba su equipo y ellos estaban ahí para alentarlo; y cuando se invitó a salir a los equipos, se levantaron “enfurecidos, nadie grito el nombre de tripita, no nos importaba ya su ausencia, esperábamos a nuestro equipo, nos sobraba rabia para aplastar a cualquiera, coreábamos el nombre de nuestro colegio, sólo de nuestro colegio, puestos de pie”; así crece y madura la juventud, así, encuentra su camino, con entereza y pundonor conquistan la gloria, peleando con lealtad, con esfuerzo, con ese cariño que los identifica a aquello que consideran suyo y se deben.
Este relato, nos devuelve a momentos de cuando fuimos estudiantes de las aulas, de profesores y de compañeros que se tuvo.
¡Pasó Linorio!.- Es un relato, en el que se devuelve a la vida a un personaje casi irreal: un ilusionista que se avecindó en Tarma, dueño de mil suertes. Tenía una tienda en la esquina de las calles Lima y Pasco, Carlos Orihuela, lo describe con realismo, tanto que, nos encontramos frente a esa persona que fue “de aspecto foráneo, de  edad indefinida, como si siempre hubiera existido al borde de la vejez, “alto, huesudo, de piel clara y amarillenta, canoso, cuerpo enjuto y movimientos medidos”; habla del medio en el que movía su actividad diaria, en el que se le conoció “una cueva estrecha e irrespirable, atiborrada de libros viejos, revistas apolilladas, trastos menudos, oxidados, mohosos, mutilados y desportillados; lúgubre de día e iluminada por las noches por un foco mortecino”; en el que grandes y chicos encontraban “hasta lo inimaginable” (…) “tesoros baratos que podían despertar la envidia en el colegio y el barrio”. Linorio, a más de vendedor, era un ilusionista que ganó prestigio con sus actuaciones; en sus presentaciones “vestido de un brioso pero agonizante smoking y un gastado sombrero de copa, creaba ilusiones tantas, desconcertantes algunas… Carlos, recuerda, “el espectáculo deprimente y sobrecogedor” de su velorio”, el que lo “persiguió por muchos años, incluso en su adolescencia cuando enfrentaba sus primeras experiencias de independencia y soledad”.
Linorio, así como llegó, se esfumo luego de su muerte con el correr de los años; Carlos Orihuela, hasta cuando abandono su niñez y se vio forzado a la renuncia de la fantasía, la seducción de la magia y las travesuras callejeras, no lo olvido; pero el resto, lo olvido; al igual que, se olvidó aquello de “Lino…Lino…Linorio”, palabras con las que se acostumbraba conjurar reveses, o alguna maldición que se cruzaba por nuestro camino amenazando nuestra tranquilidad.
El Gringo Fierrero, es otro personaje. Un gringo, inmigrante yugoslavo; llegó a Tarma, como “uno de esos fantasmas rubios, bastante más pobre y triste, que con cierta frecuencia interrumpían nuestra rutina provinciana” y se estableció en nuestra ciudad, sentando sus reales en ella. El gringo, auscultaba “con afanes de sabueso y voracidad de gallinazo, entre los basureros y depósitos de chatarra, de los que coleccionaba fierros oxidados y partes inservibles de maquinarias y carros abandonados que luego se los llevaba en costales”. Un domingo, en la feria dominical, se le encontró como negociante, “había ampliado su vocación de simple colector de cachivaches a la de vendedor ambulante”, y se ganó “el reconocimiento de ciudadano honorario, contribuyente a la limpieza pública y fundador de una línea comercial de suprema utilidad”; y luego, de un duro bregar, construyó su vivienda en una de las cimas más elevadas del cerro de la Cruz de Año Nuevo. Más tarde se contó historias que corrieron, a las que muchos dieron pábulo, las que así como nacieron terminaron esfumándose.
Lo cierto es que, este enigmático forastero, que llegó casi como un extraterrestre, se había insertado, a fuerza de trabajo, tenacidad y desconcertante extravagancia, en la médula misma de la comunidad hasta convertirse en un ciudadano ejemplar.
Carlos Orihuela, en Valle de Entonces, recrea momentos que fueron, por eso, el título que le dio: recuerda hechos que se fijaron en su memoria, y que esperaban ser inmortalizadas en la palabra.- La realidad de vida que da origen a los relatos del libro, habla de Tarma; de seguro, muchos tarmeños, se encontraran viviendo en él, con las mismas emociones de entonces; no se trata de simples relatos escritos para llenar un entretenimiento,  nada de eso, todo aquello tiene una significación más honda.
En verdad: hay muchos hechos de vida, que –los escritores y artistas-no deberíamos dejar que mueran; deberíamos hacer que no exista tiempo, y que la eternidad sea en ellos; por qué, en esas vivencias esta lo que somos: nuestra identidad, nuestra tierra, nuestra familia, nuestro futuro.- Luego de la lectura de este libro, en verdad, uno sale reconfortado. Tarma, está viviendo en él; y con vivencias nuestras, enseña que: solo haciendo caminar a nuestras  inquietudes, aquellas dejaran de ser sueños y se convertirán en realidades que llenaran de emoción nuestras vidas, como este libro, que Carlos Orihuela pone en nuestras manos.



NOTAS:

(1).- Carlos L. Orihuela Espinoza.- Poeta, narrador, crítico literario y profesor universitario. Nació en la ciudad de Tarma (Perú) el 18 de agosto de 1948. Hijo de Enrique Orihuela Amaya y Eva Espinoza. Estudió primaria y secundaria en el Colegio San Vicente de Paúl, concluyendo su secundaria en el Colegio San Ramón de Tarma. Luego estudió en el Instituto Pedagógico Nacional de Lima, y   en la Universidad Nacional de San Marcos donde obtuvo el grado de Licenciado en Literatura; Maestría y Doctorado por la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos). Realizó estudios de postgrado en Literatura Española y linguistica en Madrid (España).


(2).- “Valle de Entonces” de Carlos L. Orihuela, 182 pp. Primera edición: Lima, 2012. Hipocampo Editores. La portada es un diseño del escultor Edmer Montes, en el cual se incluye la recreación de un óleo de José Espinoza Oscanoa realizada por Carlos L. Espinoza.

Friday, March 3, 2017

JOSÉ GÁLVEZ BARRENECHEA: UN ASOMO A LA TIERRA DONDE NACIÓ

JOSÉ GÁLVEZ BARRENECHEA: UN ASOMO A LA TIERRA DONDE NACIÓ

Por Teodoro J. Morales




No siempre se llega a conocer el real espíritu de una obra literaria; en más de las veces, nos acercamos a ella de manera superficial, y nos quedamos en su envoltura. ¿De la obra literaria de Gálvez, en su expresión tarmeña, cuantos la conocen?  De seguro, pocos.
José Gálvez Barrenechea, nació en Tarma; en ella, bebió el agua de fuentes misteriosas, así descubrió la pureza de la vida, en medio a ese bello paisaje que se conoce y que vio crecer ante sus ojos; en esa magia del color, que se abrió como abanico en la magnificencia de un arco iris, descubrió el secreto de ese misterio hecho luz; y en ese horizonte diáfano de límpido cielo azul encontró la transparencia, y así asomó para él la verdad del tiempo; así encontró el camino a la poesía. En ese libro, de la naturaleza, encontró conocimiento, sabiduría e inspiración, y se hizo escritor.
Este tarmeño, fue poeta por sobre todo; eso, no le quita mérito a su trabajo en otros géneros literarios. Su espíritu sensible le permitió escribir textos, como heredero de una tradición, cuya grandeza descubrió y supo entender. Dice: ("Aquí mecieron mi cuna/ las Hadas de la ilusión,/ y aquí la mala Fortuna/ me destrozó el corazón".(…) "Aquí me alzaron de niño/ las alas de la Esperanza,/ y me cuidó ese cariño/ que solo la Madre alcanza"). Muliza 1921, publicada en el libro "Mulizas Tarmeñas" de Jesús Hidalgo Atencio, 1938.
El texto es muy significativo, es testimonial. El poeta, retorna a su niñez, en el que descubrió el secreto de verdades que siempre vivieron con él; ese mundo mágico de la ilusión, de la esperanza; ese mundo de belleza incomparable, que Tarma tiene como tesoro; también supo de la mala fortuna, en el amor. Ese querer retornar a ese mundo maravilloso de su niñez, tiene una explicación: Esa verdad primera, que descubrió un día, se hubo desdibujado en esa otra realidad que encontró en la vida urbana de las grandes metrópolis, donde la falsedad y la mentira le quitan belleza y autenticidad a todo; mundo donde se fabrican imágenes, como producto de una mentalidad mercantilista y comercial.
La mujer tarmeña, con su belleza, también fue su inspiración, dice: ("Mientras de amor me consumo/ vengo a tu puerta a cantar,/ y vengo a ti, como el humo/ del incienso va al altar",(…) "Pero tú, sorda a mi ruego,/ me miras llorar, aleve,/ sin que derrita mi fuego/ tu indiferencia de nieve". Muliza l921, publicada en el libro "Trayectoria de la Muliza Tarmeña" de Pablo Oropeza de la Cruz, 2003, p.24.
Esto es poesía, inmersa en el costumbrismo del lugar donde nació; es la Poesía en el Folklore; es posible, que no todos hayan advertido la importancia de estos textos. No hay duda, Gálvez, en Tarma nació como poeta; eso, no se hizo en otro lugar.
Gálvez conoció de las raíces de las manifestaciones culturales que se dieron en Tarma; sobre LA MULIZA escribió un ensayo esclarecedor, en el dice que "la chimaycha se insertó en el cantar del arriero con modificaciones de ritmo en el bordoneo, imitador del trote de las mulas y se aplicó tal modalidad especialmente en las fiestas del carnaval, en Tarma"; indica que "Tarma fue no solamente centro capitalino de vastisima región de nuestras serranías y selvas de Chanchamayo, sino lugar de comercio muy activo de toda clase de acémilas necesarias para el carguío de ricos productos". ("La Muliza, publicada en la revista "FOLKLORE". Tribuna del pensamiento Peruano. Edición Extraordinaria con motivo de su Décimo Aniversario. Lima, Junio y Julio de 1953. Nº 30).
EL ESPÍRITU DE TARMA EN SU POÉTICA: José Gálvez Barrenechea, vivió en Tarma, un corto espacio de su vida (1920-1921); luego, se desarraigo definitivamente de ella.
Hay que haber leído su obra, para encontrarlo en la esencia de  una sabiduría vivida y escrita.
¿Cuántos se acercaron al espíritu de su obra?  De seguro, pocos lo han hecho. Casi  todos guardan de él, un nombre y una simple referencia de lo que fue e hizo.
En su corta estada en Tarma, escribió un libro que es fundamental para la poesía en Tarma: "Paz Aldeana".
En "La Boda" (novela) de Gálvez, publicada en febrero de 1923 por The University Society Inc., se anunciaba como libro en preparación "Paz Aldeana" (poesías); pero, hasta donde es de mi conocimiento, aquel libro no llegó a publicarse, y permaneció inédito hasta después de la muerte de Gálvez; y gracias a Okura Editores S.A. es posible conocerla, en el Primer Tomo de las "OBRAS COMPLETAS" de Gálvez (pp. del 289 a 358).
En este libro, hay una visión en el que podría decirse se encuentra una Tarma que se fue. Hay una emoción y una frescura, en la que se descubren verdades en su inocencia. Los propios títulos de los poemas que la integran, nos acercan a esa realidad lejana, de algo que fue y ya no es (la aldea, la casa antigua, la hacienda, la campiña, los bueyes, los caminos, las acequias, etc). No se trata de solo títulos; lo importante, es el espíritu que dejó en lo que escribió.
En "El poema de mi pueblo", hay una visión histórica de Tarma; ahí encuentro la génesis de una realización social en el tiempo. Es un Canto Epico a la tierra en que nació, a la que quiso y entendió a su manera, a la que trato de descubrirla en ese misterio que se pierde en la hondura de los años. Manuel Baquerizo, dice que ese poema “viene a ser una representación histórico-poética de Tarma, una crónica rimada de la ciudad, desde los tiempos de los señoríos regionales hasta la época republicana, atravesando naturalmente la conquista Inca, la invasión española y el coloniaje. Reconstruye la leyenda milenaria de “aquel rincón andino”… / donde al Amor y al Destino le plugo que empezara yo a sufrir y soñar…”. Los primeros habitantes son pastores, “mezcla de guerreros y de artistas”, que aman, dice, a sus viejos fabulistas que cuentan relatos de zorros y cóndores”.
“Paz Aldeana”, “es un invenatrio singular de tipos humanos, costumbres y ambientes naturaleza. Por allí desfilan las autoridades, el cura, la matrona, el médico, el gendarme, el idiota y “el incomprendido”; además, de una sucesión de estampas o viñetas sobre la fiesta del 28 de Julio, la procesión, las veladas y el viático.” --- “lo más atractivo literariamente, por su sentido descriptivo y pictórico a tono con su teoría, sean las estampas de la casa antigua, la huerta, la campiña, los olivares, los caminos, las acequias y el camposanto”.
“La visión que tiene Gálvez de la realidad es una visión bucólica, sentimental y risueña. En este cuadro, amable y idealizador, los principales delpueblo son gentes bondadosas, serviciales y solidarias”.
Hay algo que resaltar de todo aquello “la mirada del pòeta está siempre pendiente de la aristocracia provinciana, como si fuera ésta la única clase social que habitara la ciudad. En la perspectiva poética … no tienen sitio los sectores populares y la población campesina. Lo indígena para él es una “misteriosa y enorme vaguedad legendaria”. Es la misma imagen que presenta en La Boda.”
Lo más destacable… es el sentimiento de la evocación y la emotiva remembranza de las cosas. Se ve el mundo nimbado con la luz nostálgica del pretérito y la lejanía. El poeta encuentra un raro encanto en las cosas que envejecieron, que se acaban.” “Lo que hace … es evocar, en tono elegiaco y sentimental, la grandeza pasada de una clase social y de su forma de vida patriarcal. Cuando el poeta describe la realidad local, más que mostrar el objeto presente, tiende a desenterrar su historia, a rememorar lo que fue. Aparece más bien la villa colonial en su atardecer, en su declive histórico y social, que vive de sus recuerdos, de la remembranza de los fastos pasados y de su viejo explendor. No asoma ningún sentimiento de lo venidero, ninguna preocupación hacia el futuro. La poesía de José Gálvez es el canto fúnebre, el requiem por una ciudad que ha perdido el encanto de lo tradicional, sin provocar el deslumbramiento de la modernidad. Tarma es una ciudad quieta y adormecida, que vive de la añoranza de su grandeza antigua, testimoniada por sus mansiones derruidas de portales soberbios, columnas señoriales y patios mustios, por donde caminan solamente ancianos de buenas maneras. Esta imagen de la ruina, tiene ciertamente su correlato en la realidad social de la provincia: la crisis de la antigua aristocracia terrateniente”•. El poeta se constituye en “el interprete de la ruina de la oligarquía serrana”.(…) “Su poesía representa el final de una época. En este sentido “Paz Aldeana” es un libro francamente crepuscular”.
En el referido poema, dejó una profesión de fe; da a conocer, que la fuerza y alimento de sus hados nace en el lugar donde nació. En consecuencia, el espíritu literario del escritor nació en Tarma, y no en otro lugar. Dice: ("Hay una misteriosa música que de lejos/ suele venir en alas de una ilusión a mí./ rumor de danzas y cantares viejos/ que no se cuando los oí./ Con ella vienen inefables dejos/ y aromas de campesinos que alguna vez sentí,/ y que envuelve en sus oros de rútilos reflejos/ la luz que antaño recibí").
Son muy significativas, esas palabras; ya he dicho, el poeta nace no se hace. Gálvez no nace sólo en Tarma, sino que al mismo tiempo trae impreso en su sino un espíritu que le dio personalidad a su estro.
Los recuerdos afloran en su inspiración, sin explicarse de donde vienen; aquello fue para él, como música de una edad lejana, tanto que dice, esos "...ecos me esclarecen la leyenda poblana/ que en sombras duerme en mí").
Gálvez trató de inmortalizar a Tarma en su paisaje, en su tradición, en su historia: quiso recogerla en los colores de su naturaleza viva. Lo que el conoció, no fue esa ciudad de hoy de caprichosos gustos  modernos; era ese poblado incontaminado de gustos extraños y extrafalarios.
Al describir esa realidad de entonces, dice: "...sus casas de pobre arquitectura/ se arruinan sin que nadie consuele su amargura/ y en la calma sus hilos de araña teje el tedio". Habla de una ciudad apacible, donde el tiempo transcurría sin ser testigo de nada importante, en el que nada alteraba el desasosiego. Era como una morada del olvido, donde las leyendas hicieron un mundo aparte, por eso, quizá perpetuo ese aparente abandono de una población aldeana, donde quizá -el poeta- descubrió el hondo significado de los silencios.
Cuando se refiere al cura (sacerdote), recuerda sus "sermones y consejos de sencillez añosa"; dice: "Ya esta viejo. Se duerme leyendo su breviario,/ no le turban secretos que en el confesionario/ antaño le tentaron con perfumes de mal"; en las que "las únicas profanas ideas de sus días/ con su huerto y las aves que alberga en su corral".
En el libro, presenta una radiografía de una realidad vivida, quizá no sentida; el espíritu de un pueblo y su gente, en un determinado momento de su existencia. Luego de la lectura del libro, he glosado pasajes como estos:
Es posible que de otras lecturas que puedan hacer, asome visiones distintas; no niego, esa posibilidad. En mi caso: leo el libro, y reviso mi memoria de lo que me toco vivir, y encuentro que en ese tránsito de tiempo se han roto muchos espejos en los que se reflejaban imágenes distintas, de las que ahora se ven.
Gálvez, al hablar de "La Plaza", describe una de aquellas que no faltó en todo pueblo, en el pasado (con glorietas e historias); es una acuarela, que se exhibe como un recuerdo, de la que nada o poco queda en la plaza que hoy se tiene.
En su poema "La Campiña, habla "sobre la claridad azul de la mañana/ al borde de la acequia canturreando la aldeana/ lava el lienzo, mirando deshacerse la espuma".
De seguro pocos asomaron a la poética de Gálvez; por lo mismo, no saben que en ella inmortaliza a Tarma desde una visión muy particular de él.
Gálvez canto al español con una emoción muy suya, se sintió identificado con el; tanto que dice: ("Eran ágiles, fuertes; los truenos y los rayos/ salían de sus diestras en fulmíneo lucir,/ y acerados y erguidos en sus recios caballos/ las flechas los tocaban sin hacerlos morir../ Eran como los montes, inconmovibles; fieros/ como los pumas; rápidos como lo es el cóndor;/ como la noche, graves;/ como la luz, certeros;/  y trágicos y austeros como lo es el dolor!". (…) "Llenos de resplandores, parecían divinos,/ temblaban a su paso vencedor los caminos/ y hasta el cielo fingía quererlos ayudar!".
Gálvez, es quizá el primer poeta tarmeño que universalizó una expresión, dejó de lado aquel localismo intrascendente que se acostumbro en provincias; rompió aquellas amarras que sujetaban a una auténtica creatividad, porque llegó a entender que aquello la hundía en lo intrascendente. Si bien se preocupó por conocer las tradiciones del lugar donde nació, eso no dice que llegara a conocer el alma profunda de su tierra, y a la final terminó rindiéndole tributo a una Lima que se va.
En ese manantial que es "Paz Aldeana", debemos de beber para perennizar la vida de nuestros pueblos; y hacer que florezca la palabra de sus hijos con espíritu universal, haciendo que el sentimiento del hombre vuele y viaje como el aire, llevando en sus alas la belleza de esos `paisajes que tiene.


                                           Tarma, 9 Agosto 2004.


WILLY DEL POZO: EN SU CONFLICTO DEL SER O NO SER (Comentario al libro "Pinceladas líricas de Willy del Pozo") Por Teodoro J. Morales


WILLY DEL POZO: EN SU CONFLICTO DEL SER O NO SER

Por Teodoro J. Morales


Tengo ante mí, un nuevo libro de poesía “El Retorno del Poeta” (1) de Willy del Pozo (2).
Para empezar, nació en Huamanga (Ayacucho) un 2 de abril de 1970. Estudió la primaria en el Colegio San Juan Bosco (Ayacucho), la secundaria en el Colegio San Agustín (Lima), y la superior en la Universidad de Cádiz (España) donde siguió estudios en Ciencias Económicas y Empresariales. Es autor de los siguientes libros: “Hablando del Amor” (1992); “Pinceladas Liricas” (1998); “La Revelación de la Palabra” (1999); “Trilogías” (relatos al desnudo -1996).
 “El Retorno del Poeta”, es un libro interesante, por el tema y la manera como lo plantea. El autor, en la “Introducción” del libro, refiriéndose a su realización como escritor, confiesa que, en sus muchos años de ausencia tuvo tiempo de sobra para poder confrontar su tierra de sufrimiento y pobreza, su mundo de inocencia y juventud, con las tierras del otro lado del océano, descubriendo sueños y redescubriéndose como un constante soñador. Es importante conocer esto; porque hace un deslinde, y fija una posición: (“y mi cuerpo vaga por los aires/ allá a lo lejos/ se oye una voz… que me grita: ¡patria!/ y despierta en mis recuerdos”) (…) “mis cantigas/ y quejidos/ dibujaron/ con pétalos de flor/ las grutas que/ enmarcaron/ mi camino”).
Muchos (a veces) dejan su tierra, su país, su realidad, y se desarraigan definitivamente de sus orígenes; es decir, no tuvieron una identidad como razón de vida. Eso no sucede con Willy del Pozo; si dejó Ayacucho para seguir estudios en Lima y luego en España, eso, no hizo a que negara sus raíces. Claro, no fue fácil (para él) asumir un  real compromiso de realización. Fueron dos mundos, dos realidades, las que se encuentran, del que nace todo un conflicto que busca resolver “dudas y conflictos”; de esa experiencia personal vivida, tratando de encontrar un camino a la verdad, nacen los temas de su poética. Ricardo Ayllón, dice: para conseguir aquello, el poeta “ha abordado gran parte de géneros literarios sin el menor prejuicio”; y que: “En ello reside (…) el secreto de sus bríos temáticos, la intensidad de sus mejores momentos liricos y la importancia de su aventura creativa”, para lo cual se ha permitido las mayores libertades plásticas.
Las palabras liminares que (el autor) pone a su libro, son importantes; en ellas encuentro la razón de ser de su poesía, aquello que lo transforma y transporta por los aires en el cuerpo de las aves y de los insectos, como un canto a la libertad y a los sueños. Ricardo Ayllón en “!El retorno del poeta o una alegoría lírica de la gaviota”, en un análisis que realiza de esa poética, partiendo de imágenes del libro, encuentra en ella “las figuras de la gaviota y el zancudo como la alegoría de dos personalidades habilitándolo”, dice, “La gaviota es el ser que hace del sujeto poético un volador permanente, un espíritu etéreo, ligero, que jamás dejará el vuelo que es lo intrínseco en el poeta (volar = crear); y el zancudo, es el volador local, aquel que le sirve a la hora de arribar a la tierra; el volador cuya presencia se corporiza solo cuando “se ha abierto una herida”, y así puede alcanzar (sorber) la sangre de su terruño”. Es cierto, pero, hay algo más profundo en esa expresión: una  realidad de vida que quiere hablar; aquel dilema del ser o no ser, que se trata de resolver, por eso, dice (“Quisiera ser como vos,/ rociar los campos con el sudor de mi cuerpo/ y cantar recostado sobre la tierra/ el número de pájaros que sobrevuelan el cielo/ o silbar, esa canción de cuna/ que te cantaba mamá/ y que nunca lograste aprender. (…) “Quisiera ser como vos,/ el poeta vagabundo, / el poeta inconforme,/ el poeta que el tiempo se tragó sin pensar”). Es ese conflicto vivencial que se desmadeja, se busca afirmar una identidad de vida.
En el libro encuentro dos instancias o momentos, unidos por un mismo cordón umbilical en un  absoluto. Hay un tema humano, en el que se ahonda la realidad vivida de un pueblo (Ayacucho). La impotencia de un dolor y rabia, sale en un grito inaudible e inaprensible en las imágenes del libro. Ese querer resolver el conflicto del ser o no ser, de darle verdad, de definir una personalidad a quien siendo no sabe si es o no es, es la preocupación del tema del libro: “Cuántos años sin verte,/ sin saber de Ti”. (…) “Pero, te estoy preguntando…/ ¿para qué has regresado? (…) “Aquí, aquí,/ ya no somos los mismos/ nos han cambiado pues,/ las tierras…nos las han quitado/ los ganados…nos los han matado/ los niños… nos los han llevado/ ¿Para qué has regresado pues,/ si ahora es bastante tarde ya? (…) “Pero eso si te digo/ que mi suerte, no es tu suerte/ que mi hambre, no es tu hambre,/ ¡Qué sabes Tú ahora/ si a tus hermanos les falta zapatos/ o si se ha muerto/ la hija de los Huamán o de los Quispe” (…) “¿Qué sabes Tú ahora!/ Mas mejor te digo/ que rabia tengo/ de haberte conocido” (…) “Regresa más bien a la ciudad,/ a la capital si quieres,/ regresa con tus nuevos hermanos,/ regresa con ellos para seguir tu vida.// Aquí, aquí/ ya no quedan nadies de los tuyos/ aquí, aquí/ ya no quedan flores que sembrar/ aquí, aquí/ ya no quedan  nadies para ti”. Hay una verdad dolorosa que grita y que habla. Hay que leer el libro como un todo, solo entonces se encontrara el mensaje, y el valor del mismo: (“yo soy quien soy/ aunque a veces/ soy mezquino y/ turbulento/ y por las noches/ me tiño de rojo/ y ya no creo/ en dios/ y ya no creo/ en el hombre” (…) “soy pero quizás/no soy/ resbalo peldaño/ a peldaño/ paseando ideales/ y cánticos húmedos/ cruzo valles/ y sueño con los desiertos/ ignoro y lloro/ por la razón y el cielo/ ahogo y arrebato/ los cuerpos y los huertos” (…) “rebelde golpeo/ contra el rencor/ y el fuego/ y en medio de la soledad/ sofoco mi silencio/ y siento en mis entrañas/ el sudor fluir/ cuando palpita en/ mis plumas/ el sonido de una/ nueva voz/ de un nuevo hijo/ que vuelve a nacer”.
 “El retorno del poeta, es un libro interesante, por la manera como plantea y desarrolla el tema que trata, y por el mensaje que encierra (“y cántale a los/ hombres/ que sordos están/ de tantos gritos”); y bien, el poeta cierra su discurso, diciendo: (“comencé a pintarle cuadros a la vida, enterré algunas palabras y algunos recuerdos”), de todo ello nació la luz que proyecta e ilumina.


NOTAS:

(1).- “El Retorno del Poeta”. 78 pp. Ediciones Altazor. 1ra. Edición: Mayo 2008. Diseño de Colección: Gustavo R.Q. Diagramación: Liliana Bray.Portada: Lirismo púrpura de Francesco Policastro. Contraportada: Poema: de Francesco Policastro. Se terminó de imprimir el 10 de noviembre de 2004. Formato:  13 x 20 cm.

(2).- José Wilfredo del Pozo Alarcón.  Nació en Ayacucho (Perú) el 2 de abril de 1970. Usa los seudónimos de Karl Oharal y Abril Alonso. Director de Ediciones Altazor. Ha publicado: “Hablando del Amor” (El Puerto de Santa María, 1992); “El retorno del Poeta” (Cádiz, 1997); “Pinceladas Líricas” (El Puerto de Santa María, 1998); “La revelación de la palabra” (Lima, 1999) y “Trilogías” ( relatos al desnudo  Cádiz, 1996).


Saturday, February 18, 2017

DESCUBRIENDO MISTERIOS DE VIDA (Comentario al libro "Existir" de Mateo Picardo) Por Teodoro J. Morales


DESCUBRIENDO MISTERIOS DE VIDA

Por  Teodoro J. Morales





En  verdad cada día uno se encuentra de cara con el asombro, con el misterio descubierto mirándonos de frente como un reto, nos obliga a abrir el entendimiento a razonamientos que trata de dar respuesta a lo que realmente somos. Es algo que sale al encuentro de todos, en algún momento- como un desafío.
Llega a mí, el libro de poesía “Existir”(1) de Mateo Picardo (2). No tenía noticias de él, pero, su libro de si solo me lo presenta, y me permite conocerlo.
Para Juan Carlos Maestre, la poesía es “una luz iluminando algo aún inexistente en el vacío, palabras que nombran lo secreto, lo no visible de la revelación espiritual”, para mí, es la vida hablando en su honda naturaleza a través de esos signos que la visualizan, y permite conocerla.
 “EXISTIR”, tiene cinco momentos (Vida y Muerte; Poesía y Arte; Tristes y Desesperados; Amorosos; y, Alegres e Iluminados). Todos unidos por un cordón umbilical: la vida.
Mateo Picardo, dice “La poesía intenta devolverle el alma al hombre”; no se equivoca, por eso, él, en lo que escribe, busca “como loco los secretos de la vida”; y es que es consciente, que “La vida sólo revela sus secretos a quienes profundizan en ella”.
En su poesía, Picardo, desarrolla un discurso de honda preocupación filosofal; en la que, encuentro “una intensa experiencia de lenguaje”. Habla de sus preocupaciones y, sus hallazgos: (“Me tomo el pulso sintiendo los latidos de Dios / dentro de mí” (…) “Me pellizco el brazo sintiendo el dolor de los monos / dentro de mí”).
El hombre siempre quiso saber quién es; el poeta responde: “Somos la naturaleza quieta / que espera ser inquietada /  para dar una preciosa flor”). Todos esperan discursos, con formulaciones abstractas, que explique y responda a ello; a lo que, el poeta, de manera sencilla, da respuesta a esa inquietud que preocupa a muchos. Dice: (“Sumergidos aún en ese trance que los gobierna / el hombre intuye que la mujer es la puerta / a los secretos de la vida”).
Los temas que aborda, y son líneas directrices de esa expresión, son: La vida: (La vida es un sereno lago / que navega rezando”); en el que (“Hemos sido víctimas / del primer hombre que pensó / que nada de nosotros es importante”).--- El amor Muchos al ir hacia su encuentro, lo pierden por caminos enrevesados, desnaturalizando lo que es y representa. El poeta, dice: (“Te quiero / no importa quién seas, / no importa de dónde seas, / no importa que hayas hecho” (…) “Te quiero, porque al quererte / me estoy queriendo”); desde donde asoma la nostalgia: (“El aire tibio de tu pasión / sopla suavemente en mi boca / para abrigar tu recuerdo” (…) “Alados suspiros sin nido / quieren anidar en mí”); la mujer, esa otra mitad que da razón de vida, no está ausente. Ella siempre estará animando lo que todos hacen, por eso dice: (“Y ya no sé si puedo ser sin ti. / Y ya no sé si puedes ser sin mí”); para terminar preguntándose: (“¿de qué tierra naciste / para morir tan dulce / en mis labios?, / ¿de qué tierra naciste /para renacer tan sutil / cuando te creo muerta?); la muerte, todos la ven como el fin de todo, y no es así. Todos le temen, como si fuera la peste misma. Picardo, dice: (“Tengo un vacío tan lleno de todo / que me convierte en nada” (…) “¿Acaso mi sin forma /no encontrará su cuerpo?). (“Ahora muero, / luego renazco” (…) “Ya renací / soy otro” (…) “Ya no hago, / miro” (…) “Mi vida es un vacío / lleno de milagros”).
El poeta no se pierde –solo- en elucubraciones racionalistas, hay momentos de lucidez poética y romántica, como cuando dice (“Oh, mi alma nativa / que puso azúcar / en la hiel / del tiempo / Me cuelgo de los rayos / para encontrar mi cielo. / Me sumerjo en el mar / para buscar a mis musas”), o cuando musita (“El aire tibio de tu pasión / sopla suavemente en mi boca / para abrigar tu recuerdo” (…) “Alados suspiros sin nido / quieren anidar en mí). La poesía es eso, sueños alados que iluminan la vida de uno.



NOTAS:

(1).- “EXISTIR”, Libro de poesía de Mateo Picardo. Primera Edición, 2014. Editorial Casatomada S. A. C. Diseño y Diagramación: Abraham Cisneros. Fotografía: Archivo personal del autor, 60 pp. Formato: 14.5 x 21 cm.

(2).- Mateo Picardo, nació en Lima en 1987. Estudiante de  Cine en la Escuela de Cine de Lima. Cursó estudios de Administración en la Universidad ESAN.

Tuesday, January 17, 2017

SUEÑOS DELIRANTES DE LA NADA EN HISTORIAS DE MODOS DE VIVIR (Comentario al libro “Los Abismos Ulteriores” de Armando Alzamora) Por Teodoro J. Morales

SUEÑOS DELIRANTES DE LA NADA ENHISTORIAS DE MODOS DE VIVIR

Por Teodoro J. Morales

 Comentario al libro Los Abismos Ulteriores” de Armando Alzamora




La vida siempre nos sorprende con las historias que entreteje a diario, donde no se repiten libretos aprendidos para agradar a nadie. Armando Alzamora (1) en “Los Abismos Ulteriores” (2)  entrega diez y ocho historias, de seguro, en alguna de ellas, está respirando él en esos momentos de insatisfacción en los que se ahogan los personajes del libro, en esos momentos de desilusión en los que se muere a diario; en ellas,  perenniza algo suyo para verse reflejado como ante un espejo en esas miserias que le tocó vivir en algún momento, las que, al final puede ser la realidad de vida de cualquiera de nosotros. Ese es el mérito de lo que escribe, relatar historias en la que cualquiera de los que lea el libro puede estar hablando de sus desgracias.
El libro empieza con el relato al que titula Parche y cierra con Un perro Yonqui; son dieciocho relatos en los que la vida está hablando sola con su verdad de todos los días.
El libro, en verdad, no es de excepción ni un fuera de serie; tampoco podrá decirse que sus historias no planteen problemas de vida que inviten a la reflexión. Es un libro escrito con esas mismas virtudes que la vida le pone a sus historias, de seguro, es el inicio de algo mayor y mejor que de seguro vendrá.
El primer relato, marca la ruta de un viaje atiborrado de desasosiego. Son historias que bien pudieron “haber quedado en el olvido”, pero, el escritor no dejó que así fuera. Parche, es un personaje que arrastra una vida sin que nadie advierta la desgracia que lleva a cuestas, historia que termina devorándolo por la fuerza que impone una costumbre, que lo lleva como una corriente ingobernable hacia donde termina desdibujándose en la nada. Esas vidas, empiezan avizorando algo donde la esperanza siempre asoma, pero que, al final terminan derrotando a la persona, hundiéndolas en la desesperación de un fracaso, atiborrados en el  alcohol de cantinas de mala muerte, con “gestos de fingida resignación”, donde terminan siendo “El Hombre que No Se Pudo Ir o El Hombre que nunca Pudo Volver a Su Casa”. Esa desgracia es la que se rubrica al fin en la vida de muchos.
Nada de fantástico tienen estas historias, es realidad pura de vida. Es la cara inconfundible que muestra la historia de mucha gente que termina hundida en ese “universo desprovisto de cualquier capacidad de brillo, un espacio donde la cualidad más apreciable sería la opacidad”; realidad donde muchos encuentran “un oficio a la altura de sus convicciones”, para terminar hundidas en una confusión total que los engulle como un dulce.
Leo el libro, y en esas historias veo reflejada la historia de muchos, es una metáfora de la vida, cuyos deseos insatisfechos terminan jodiendo la felicidad de uno u otro, quienes al descubrir la desgracia se encuentran parados frente a ellos mismos.    



NOTAS:

(1).- Armando Alzamora. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Es director de la Editorial del sello Colmena Editores.

(2).-“Los Abismos Ulteriores” de Armando Alzamora. Latravesia Editora.. Diciembre 201693 pp. Diseño editorial: Omar Satancas. Detalle de portada: Oleo sobre lienzo Sin título de Jhonathan Quezada Lira. Formato:14 x 22 cm.