Thursday, August 17, 2017

JUAN RODRÍGUEZ JARA: EL TIEMPO CONTEMPLANDONOS DESDE SUS ALTURAS (Por Teodoro J. Morales)


JUAN RODRÍGUEZ JARA: EL TIEMPO  CONTEMPLANDONOS DESDE SUS ALTURAS

Por Teodoro J. Morales


La vida abre caminos a su paso, por los que vamos hacia la realización de nuestros destinos; ella, como la mejor escuela que se tiene,  llena nuestros espíritus con ricas vivencias.
Juan Rodríguez Jara (1) en “Aromas de la Tarde” (2), habla del tiempo en esa su eterna huida del espanto. En la memoria  -de cada uno de nosotros-  queda registrada la historia de lo vivido, es lo único que queda al final de todo.
En los poemas de este libro encuentro un espíritu casi religioso;  y es que, Juan Rodríguez Jara, nació para sembrar la esperanza en su palabra, (“Desde la cumbre nevada andina,/ hasta el valle del calor devorador,/ he caminado el busca de esperanza”); él, al concluir su secundaría,  quiso seguir la carrera religiosa tratando de seguir una tradición que tiene su familia, pero no fue.
La tierra donde nació, habla en lo que escribe Dice (“Allá en mi Tullubamba lejano/ dejamos el batán de dos cuerpos,/ donde el maíz molía Herculano,/ con su tuñay de piedra veteada/ bailando chimaychi, cual danzarina,/ haciendo masa de maíz cuzqueño”); o cuando dice “En la cocina está el batán viejo/ con su volante, calando el rocoto rojo/ con el huacatay verde de la huerta./ Luego molerá el maíz blanco/para hinchar en tripas la morcilla”. --- “La bicharra de barro quedó triste,/ sin ollas, de arcillas generosas”). Es posible que, para aquellos que vivieron lejos de esta realidad de vida, eso parezca extraño, les será ajeno, porque no conocen ese lenguaje de la vida.
Es cierto, como dice Elmer Neyra Valverde: ”No en cualquier recogida de agua con ripio a la orilla de los ríos hay vetas de oro, pero quien persiste en su búsqueda las consigue”. En todas partes existe riqueza que la naturaleza entrega a cada paso, o vivencias llenas de honda belleza espiritual, las que en más de las veces –muchos, dejan pasar, sin detenerse a contemplar esa belleza, que nos está hablando a cada paso y/a cada momento.
Aromas de la Tarde”, en cada poema, descubre al lector las querencias y añoranzas del autor del libro, que le toco vivir. Pasajes de hondura humana, recuerdos de lo que fue en la tierra donde nació y vivió. Cuando habla de las cruces, dice: (“ahora no puedo colocar siquiera piedras/ debajo de las cruces de mis cerros” (…) “Las cruces de los cerros desaparecierony con mis creencias que se olvidaron,/ en el paso de los años se enterraron”. De todo lo que conoció, podría decir que solo quedó: Campanayuj, Asjuaj, Amañico, y Huáncash, quienes como atalayas vigilantes siguen oteando desde sus alturas a Piscobamba, viéndolo crecer a otro rito, y con otras costumbres.
Cuantas cosas van quedando en solo el recuerdo. Dice (“Los cajeros han venido de Chaupis,/ los segadores de Pumpa y Vilcabamba;/ el mayoral llamando está a todos,/ para mañana comenzar la gran siega”. --- “El patrón sale con los mayorales,/ escoltan la comitiva de chicha y coca/ ya contrapuntean las cajas y pincullos, / porque van llegando las gavillas a la era”). --- “Los rastrojos blancos/ tienen nidos abandonados/ de perdices, que volaron”. ---  “Paredes de adobe de barro pisado,/ encariñado con paja de trilla,/ revoque y molduras finas de yeso blanco,/ ahí, sonreían mis salones de infancia). Palabras, que eternizan vida, y que ayudan a vivir.
Al terminar de leer el libro, uno, termina por entender muchas cosas. (“ahora queda solamente la ilusión/ rondando en aquellas aguas,/ aguas que trizaron una vida/ sin brindar el amor con su hechizo”. --- “anhelando llegar al rincón de nuestros sueños”). El autor del libro, bien dice: “Te dejo mis papeles ajados por el tiempo/ allí encontrarás, la oración de la vida”); de mi parte, como epilogo, tomándole palabras a Rabindranath Tagore, bien podría cerrar esta historia de vida, diciendo: “cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón seguirá hablándote”; y de seguro así será, porque es la vida- la que deja este testimonio para no morir.


NOTAS.

(1).- Juan Rodríguez Jara, Nació en Piscobamba (Ancash) en Enero de 1937. Hijo de Rodrigo O. Rodríguez Caldas y Laura Jara Cárdenas. Estudió su primaria en el centro Escolar N° 304 de Piscobamba. La Secundaria lo hizo en Lima, Pomabamba y Huaraz. Luego ingresó a la Escuela Nacional de Policía.
Siempre estuvo en el la inquietud cultural: incursiono en el Periodismo y la Fotografía artística. Participo en la revista “Rumor de Lluvia”, es parte del  equipo de redacción de la revista “Alma Libertaria”, colabora en la revista “Perú Ancash”; y, participo de manera activa en la edición del “Libro de Oro Luzuriaguino”(2007).


(2).- “Aromas de la Tarde” (Poemario) de Juan Rodríguez Jara, 80 pp. Formato: 14.5 x 20.5 cm. Impresión: Tetis Graf. Abril 2009. Diseño de la portada y contraportada: Miguel Enrique Castañeda Yupanqui.-En e3l año 2010 publicó “Palpitar del Ande”.

Sunday, August 13, 2017

DE CLASE (Por Teodoro J. Morales)


DE  CLASE

Por Teodoro J. Morales



Víctor Mazzi Trujillo, nació en Apata (Jauja) el 17 de marzo de 1925. A los ocho días de nacido sus padres se trasladan al asiento minero de Morococha, lugar donde inscribieron su nacimiento. Él, refiriéndose a estos hechos, dice "jurídicamente soy de Morococha, pero telúricamente de Apata”.
Sus padres, son: José Luis Mazzi Vargas (1) y Fortunata Trujillo Espinoza (2).
Su infancia la vivió en el campamento minero de Natividad (Morococha). En 1929, ingresa al Centro Escolar Obrero. Luego vivió en Apata, Jauja y Huancayo. En 1933, sus padres, se trasladaron a San Mateo de Huanchor (Tamboraque), San Bartolomé donde vivieron, luego a Chosica, Miraflores y Chilca; refiriéndose a eso, dice “debido a ese forzado peregrinaje no pude seguir estudios y, sin embargo, por mí solo obtuve mis iniciales conocimientos leyendo periódicos, revistas y textos escolares que hallaba a mi paso”.
En 1939, con su familia, regresa a Chosica.
Poeta y escritor, formado por propia inquietud personal. En 1947 ingresa al trabajo literario con “Reflejos de Carbón”. Es co-fundador del Grupo Intelectual Primero de Mayo”. Publicó: “Nana para el nene de la sonaja roja” (Lima, 1968); “A Lengua Viva” (Buenos Aires, 1975); “Poemas de Vecindad” (Lima, 1975); “!Poemas del Albañil” (Tarna,1976) (Guirnalda de canciones a Chosica” (Lima, 1976); “Poesía Proletaria del Perú” (Lima 1976); “Memorial de un  tiempo a otro” (Tacna,1978); y, “No descansada vida” (Lima, 2006).
Para conocer el real espíritu de un escritor, no hay que quedarse en los libros que alcanzan publicar. Hay un concierto mayor de testimonios que hurgar; es más muchos de ellos, no pudieron publicar libro alguno, porque su condición económica no se lo permitió; ello, no significa que no existan textos suyos publicados en periódicos y revistas u hojas sueltas, y obra inédita que está a la espera de ver la luz; por eso, hay que buscar esos testimonios suyos, para llegar a conocerlos en la dimensión exacta su expresión, y no solo de una referencia superficial.
A Víctor Mazzi Trujillo, lo conocí allá por la década del setenta. Él, llegó a Tarma con integrantes del Grupo Intelectual “Primero de Mayo” (1) para participar en un Acto Cultural. Muchas fueron las pláticas que tuvimos, en las que se habló del trabajo cultural realizado en las ciudades del Perú profundo, y de la necesidad de promover este trabajo a nivel de los jóvenes y niños.
En mi biblioteca, tengo alguno de sus libros, no todos. Muchos de los textos que escribió se publicaron en las revistas Haraui y La Tortuga Ecuestre y en otras revistas y periódicos de seguro. Hay mucho que dejó escrito, digo esto, porque sigo encontrando nuevas cosas escritas y publicadas por él, que no había leído. Textos que me permiten acercarme a un mejor conocimiento de lo que él era, y de lo que represente como escritor
Julio Carmona, compañero de lucha y de sueños de Mazzi, en un poema, dice (“Sus paredes no ostentan ni un diploma /-solo los de modestia y honradez-, empero / es profesor de vida y poesía, / especialista en risas. Cuando asoma / --- “su infatigable charla el cenicero / o cuando suelta rienda a la alegría / injuria y abofetea a la tristeza / que es bruma en mi país desde hace tiempo.” (…)”sin embargo y con todo nunca olvida / la dirección del viento. Y canta y cuenta / lo que ve, vive, bebe o vivifica” (…) “Víctor Mazzi es el hombre de esa risa, / con Justina y sus hijos vive cerca / del sol, vale decir, vive en Chosica”. Refiriéndose a su realización y personalidad, Carmona, dice: “vive en el corazón del pueblo” (…) “fue parte de él, y toda su obra poética y su lucha por un mundo mejor las hizo pensando en él”. Eduardo Ibarra, por su parte, recordando al amigo y compañero de ruta en el trabajo cultural, dice “tenía un rasgo característico: ante todo problema, grande o pequeño, masivo o personal, adoptaba siempre una neta posición de clase. Esta característica, huelga decirlo, se expresaba en su poesía” (…) “escribía, pues, o mejor, cantaba desde el hondón proletario” (…) “Tu poesía va por las calles y los campos llevada por el viento del pueblo, va conmoviendo sensibilidades y estimulando conciencias. Va por el mundo que, un día será un mundo de libertad como querías, como queremos”.
La vida fue la mejor escuela para Mazzi, en ella, se formó y forjó; en el Soneto XXVII (“No solo de amor”, dice :(“Señor lector / su atención y cuidado / que detrás de cada verso / hay / hombres trabajando”.       
Hay algo que, dejar en claro: No siempre un poeta asume una posición y un compromiso en su obra. En más de las veces, el escritor, opta por mantenerse al margen de una posición militante. En el caso de Mazzi, quizá sea comprensible su actitud. El asume un compromiso, partiendo de su propia extracción social; el que se afianza en un espíritu de Justicia, como absoluto. Dice (“Amanezco, siempre amanezco,/ con la esperanza de ver dicha en los mercados,/ fábricas embanderadas de humo y ternura/ y el afán de saber si la luz/ penetro al último rincón de los pobres” (…  …) “Nunca será tarde para ver/ danzar el son en los prados,/ para decir cosas solemnes/ como quien tiene gloriosos sueños/ sabiendo que se aproxima/ La felicidad del rocío en los geranios”.
Si uno lee, sin pasión ciega, lo que el poeta escribió, podrá sentir como la vida respira y se agita en cada una de sus palabras, a pesar de que falleció hace tiempo. Esa emoción de vida del pueblo, que hizo suyo en su palabra, vivirá siempre; ella, llega a nuestros días con su verdad, y su emoción, y uno siente ese dolor que él hizo suyo; y uno entiende que, no es posible que se pueda permanecer indiferente ante la suerte y el dolor de los demás. En verdad, muchos no han llegado a entender esta verdad que golpea a diario, y que es una realidad que sangra por todos lados. Es preocupante que nadie pueda decir nada, que se sientan complacientes y callen, y que incluso aplaudan todo que se hace.
En el poema “Epinitica” publicado en la revista “Haraui” N° 44-45,Octubre-Diciembre 1975), dice:

             “Antes de caer
                                 rendido por hastío
              permítanme ofrecerle un homenaje
              a la inmensa madre del cordero
                                   que no nos deja
               ni a sol ni a sombra
               con estos versos sin resuello”.

Él, tenía claridad de cuál es el papel de un poeta frente a la realidad en la sociedad en la cuál vive, decía: (“Por lo visto, todavía no hay certeza/ si el poeta debe salir temprano/ en busca de la vida o debe quedarse pensando” (…  …) Es inútil, absurdo, que se quede solo/ tratando como un  bobo de pasar el tiempo/ esperando que al situación se arregle/ para entrar a escena, decir algunos versos”. (…  …) “El poeta sabedlo, también es un obrero/ de la construcción de un nuevo mundo/ de una sociedad nueva, de un nuevo hombre;/ debe echar abajo los castillos del engaño/ trabajando si es posible pistola en mano”).
No todos los poetas asumen un compromiso con la vida, en lo que escriben. Muchos se quedan paralizados, como estatuados, ante la suerte que les toca vivir, y no despiertan de ese sueño al que se abandonan; digo esto, luego de haber leído lo que muchos  escriben, y de haberlos visto vivir.
La vida, lo ubicó en aquella margen de los desheredados: supo de limitaciones de todo orden; se hizo en franca lucha con  la desgracia. A la final supo vencer a todo; para ello, educó su espíritu a fuerza de voluntad, haciéndose escritor con conciencia de clase.

                 “No preguntéis por el amor, el pan o la rosa,
                  aquí donde es delito pensar a diario,
                  decir lo que uno siente;
                  aquí donde Carmen, la lavandera,
                  o Juan Raimundo, el ferroviario,
                  hablan a secas, indefinidamente,
                  tal como voy haciéndolo entre mis versos”.

Mazzi, como escritor, defiende la libertad en los fueron de su espíritu, como una exigencia necesaria, para ser el mismo.
En 1968 ganó el Primer Premio de poesía y ensayo en el Concurso Nacional “Ernesto Che Guevara”, para obreros, organizado por la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Esto marca el hito más importante de su carrera, tanto que, deslinda un antes y un después.

                  “Víctimas, cómplices, testigos. No digáis
                  que el cielo es nuestro, tampoco el averno
                  (son antiguas creencias)
                  Aquí, ay, tan solo, nos basta sentir
                  el golpe del frío en las entrañas
                  o arder con el bosque de los sueños
                  para entender la devastación del hombre”.

Su poética, es una canción llena de ternura; una canción de Amor, para con los suyos. Él, tenía claro esto; decía: “El canto es el latido creador de la poesía. El poeta, ante todo, canta. El canto, de antiguo, significa modulación de sentimiento. Y, de hecho, se manifiesta en una u otra forma poética. Y no hay poesía que no cante en voz alta la trascendencia de su contenido. O, de lo contrario, no es poesía”. En lo que escribe, la esperanza crece como una enorme posibilidad de realización, en ese mañana que asoma como justificación a todos los desvelos. Su palabra está cargada de una fuerza vital; en el fondo, se agita un lirismo como sueño romántico. Su obra, es un testimonio personal.

                   “Por más que la vida es dura,
                    la tierra ajena, el maizal lejano,
                    te escribo esta carta, hija mía,
                    como quien riega con sangre
                    el huerto del futuro
                    y espera su facción de primavera”.

Mazzi, era una persona sencilla, creció y se formó dentro de aquella filosofía que la vida exigió que asumiera. Estuvo lejos de aquellos convencionalismos, que muchos usan como ropaje. Entendió y aprendió a querer la vida, a  fuerza de los propios golpes que le dio. No fue un espectador, fue un verdadero actor en la realización de su destino. No dejo que la vida hiciera de él un simple ganapán; lucho para conseguir ser, y fue un escritor.
En su poesía, la palabra se alza con esa emoción social, que rara vez se encuentra en otros; es un verdadero himno de lucha contra el infortunio. Su expresión, tuvo aquel sentir de los que sufren; de los que llegaron a conocer la necesidad como principio, en su realización.
En sus años definitivos se preocupó por alcanzar una expresión dentro de aquellos esquemas estructurales de un academicismo. Renovó sus lecturas, y trabajó en torno a un “Taller de Poesía”. Todo esto le permitió depurar su estilo. Esa preocupación suya, quizá, hizo que en su palabra se perdiera aquella fuerza vital que la caracterizó en sus inicios.
Mazzi, es un exponente de la poesía social en el Perú. Su universo vivencial está lleno de imágenes propias, de aquellas limitaciones que le impuso la vida, las que ensordecieron su canto. En él, encuentro al eterno combatiente, aquel que levanta su trinchera a fuerza de palabras, desde donde disparó poemas llenos de amor y esperanza.

                   “Yo no voy a poner pájaros en la rama
                    deshojada de la patria
                    ni a soltar veleros de papel en el llanto.
                    Voy a confundirme entre esas multitudes
                    que levantan puños de amor y de pelea,
                    voy a escribir con sangre –bajo la luna
                    de octubre-  la biografía de nuestras luchas”.

En definitiva puedo decir: su obra es la expresión consecuente de lo que le tocó vivir, por eso, en su poesía, fija una posición y compromiso de clase, la que está lejos de ser panfletaria. No se encadena a los compromisos de un Partido, ni a los intereses egoístas de una determinada clase; su compromiso es con el ser humano, con su destino. Hay un sentido de humanidad en grado sumo; ese, es su mensaje. Él, decía: “soy un poeta de procedencia y experiencia proletaria (por la sociedad clasista que padecemos). Y creo –desde ese punto que mi poesía es un riguroso producto de clase. Poesía, repito de clase obrera por su expresión y su talento que lo caracteriza y que se entrega a la conquista del amor y el sustento como de todas las complacencias del espíritu” (…) “no podría definir mi poesía de otra manera, pues escribo como canto (o canto como escribo). Evitando, claro está, dejarme ganar por el canto de los cisnes o la proclama de los búhos”. (Declaración, Noviembre 1974). Así lo conocí, con esa consecuencia de vida expresada en lo que escribe, y así vivirá por siempre.



NOTAS:       
 
(1).- En Apata, “se origina el tronco familiar, Mazzi-Vargas., su abuela María Belén Vargas Andrade se casó con Carlo  Mazzi Paccelli, nacido en Génova (Italia), ellos, tuvieron cuatro hijos, tres varones (Carlos, Máximo y José) y una mujer (Hortencia), todos nacidos en Apata (Jauja).
(2).- Ella nació en Ambo (Huánuco, descendiente de abuelos españoles.).

(3).- “La Fundación del “Grupo Intelectual Primero de Mayo”,  corresponde al proceso de maduración y organización de la clase obrera, a través de lineamientos políticos e ideológicos definidos tanto en la tribuna nacional como internacional, o/ como Víctor Mazzi Trujillo, lo destaca: “Los aedos representantes de la poesía de la poesía proletaria no irrumpen en los dominios de la literatura nacional sino hasta poco después de iniciada su organización del proletariado y de fundamentada su base social y política por la orientación, y el análisis sociológico de José Carlos Mariátegui y la obra teórica y práctica de César Vallejo”(“La Moral y la Filosofía en la Vida y Obra de Leoncio Bueno Barrantes. Trascendencia de su unidad como Hombre y Poeta” de José Pablo Quevedo).

Thursday, August 3, 2017

ELEODORO VARGAS VICUÑA: UN UNIVERSO DE REALIDAD VIVA (Por Teodoro J. Morales)


ELEODORO VARGAS VICUÑA: UN

  UNIVERSO DE REALIDAD VIVA

Por Teodoro J. Morales


¿Dónde nació?: Es lo primero que muchos se preguntan. No había una respuesta que permitiera aclarar el hecho. Muchas eran las versiones que corrían. Carlos Eduardo Zavaleta, dice: Eleodoro según le oí decir a él mismo, al paso de los años, nació primero en un pueblecillo de Arequipa, luego en la propia y gran ciudad del Misti, después en Tarma, ciudad de espléndida campiña; finalmente, aceptó haber nacido en Acobamba”. Todos creían que el hecho estaba aclarado.
Eleodoro en una entrevista que le hizo Roland Forgues, dice “vengo del otro lado de la cordillera, de un pueblo llamado Acobamba, de Tarma” (…“yo permanecí allí cierto tiempo y luego me fui pero siempre regresaba durante las vacaciones de diciembre a marzo y entonces empezaba a vivir de nuevo mi propia realidad”.
Él fue terminante, al decir “No creo mucho en el nacimiento porque sé que es accidental. De tal manera que, mi nacimiento ha ocurrido en varias partes. Lo he configurado diciendo que, en realidad: se trata de un nacimiento a  la vida. Es posible que eso –en mucho- le permitió salir de aquel localismo que limitó toda expresión que se dio en nuestros pueblos, y lo hizo universal; tanto que dice “no pertenezco a la sierra ni a la costa, sino que estoy integrado a una comunidad más amplia que es el país y el mundo”.
Eleodoro, era así, críptico, hizo un mundo de leyenda del lugar donde nació. Andrés Mendizábal Suárez, aclaró el hecho: Eleodoro Vargas Vicuña, nació en Cerro de Pasco.
Eleodoro Vargas Vicuña, nació para ser escritor; tanto que, dice “De niño yo estaba tratando de registrar todo lo que veía, como los otros niños, pero yo lo hacía con el secreto deseo de escribir. Tenía una meta “mi ambición consiste en escribir la novela total que recoja todas las condiciones de vida de mi tiempo, todo lo que los escritores han dicho del pensamiento, la sensibilidad y el sentido de la época”, algo en el que estuvo trabajando, pero que no alcanzo a publicar.
Tuvo conciencia de su rol como escritor, dijo: “escribo porque necesito comprender la realidad profunda de lo humano; para ajustarme a este cuerpo del cual estoy por extraviarme”; es más, agrego “Escribir, en cualquier parte del mundo, es un acto casi heroico (cuando del descubrimiento de los conflictos de la época se trata) los que asumen ese rol, fueron prohibidos en su tiempo”.
No siempre se entiende y comprende una obra literaria; por lo general, el lector lee un libro y se queda en el simpe argumento, creyendo que es todo; los otros, que presumen ser especialistas en la materia, se aferran a esquemas estructurales de la expresión (construcción del lenguaje), que se ha creado académicamente, y se pierden en argumentaciones que muchas veces están lejos de lo que realmente representa un trabajo. Para llegar a encontrar el real significado y valor de una obra literaria, hay que ir más allá de lo que se acostumbra. No se trata sólo de medir con aquellos metros que se conoce, y se aplican. Carlos E. Zavaleta, dice “para entender a un artista como Eleodoro Vargas Vicuña debemos alejarnos de los moldes conocidos y trillados que sirvieron para entender a otros, pero no a él”.
Todo academicismo se pierde en esquemas abstractos con los que se ingresa a laberintos ciegos en los que muchos se pierden en disquisiciones ajenas a lo que corresponde. Zavaleta, por ejemplo, llevado por su formación, dice, “nosotros hablamos castellano y tenemos en gran medida costumbres occidentales”; fundado en ello, pretendió occidentalizar la expresión de Eleodoro Vargas Vicuña.
Vargas Vicuña fue claro, al decir: “Mi castellano tiene la sintaxis quechua”, aquello deslinda su mundo expresivo, por lo mismo, quienes aplican los metros accidentales para valorar su obra, se equivocan totalmente. Eleodoro alimentó su espíritu en la sabiduría del pueblo, y, para comunicar ese universo que descubría utilizó una lengua que él creó, que tiene de castellano y quechua, no siendo en definitiva ni una ni otra.
En su obra narrativa “es muy importante no sólo su brevedad, sino su marcado silencio, su extraordinaria economía de palabras” (…) “pocas palabras y profundos significados, y luego el silencio”. No invento la realidad que presenta en su obra, recreó la vida del pueblo donde vivió. No digo donde nació. En su obra se encuentra todo un universo de realidad social viva. Los pueblos de Tarma, a través de las vivencias de sus personajes le dieron los temas que recoge en su obra. Trató de recoger y “decir el pensamiento legítimo de un pueblo”, y lo hizo, y con ello reivindicó el espíritu del mundo andino y no permitió que se minimizara aquello, y así nace el llamado “neoindígenismo”.
Eleodoro Vargas Vicuña fue narrador reconocido, por eso, llamó la atención cuando fue laureado como poeta. Zavaleta, dice “Una de las sorpresas más notorias que vivió nuestra generación fue el saber, de súbito, que Eleodoro, siendo oficialmente un cuentista, había ganado el Premio Nacional de Poesía con su libro “ZORA” (1959). En verdad, es uno de los pocos escritores que es narrador y poeta, y bueno en ambos géneros.
Eleodoro Vargas Vicuña, perteneció a la llamada “Generación del 50”. Él, inicia toda una nueva corriente en la Literatura Peruana.
Los estudiosos de la narrativa Latinoamericana creen encontrar coincidencias en su obra con la de Juan Rulfo, “en el tema rural, desolado, áspero, en la ingenuidad poética de la visión del campesino y en el estilo de extrema síntesis y economía verbal de ambos. Aquellas aproximaciones se dan “en el tema indígena, en el tratamiento poético de la prosa”, y, “en la atmósfera ambigua, incierta, incluso onírica que conduce al misterio y aún magia a la penetración psicológica” (Zavaleta).
No todos los escritores logran, en su obra, sintetizar la realidad social particular de la que incluso son actores, de la manera magistral, con el que lo hizo Eleodoro. Muchos se pierden en el discurso verbal, que crea un bosque en el que a la final no se distingue lo que se trata de mostrar.
El poeta busca en su expresión la síntesis; y Eleodoro como tal, en su expresión narrativa, buscó la concreción. No fue ampuloso en su discurso, no fue de los que le dan vueltas al asunto. En su trabajo, uno encuentra: belleza expresiva; algo que a muchos falta. No es cosa de lanzar un argumento, mover personajes y ensalzar hechos; hay que desarrollar planteamientos que permitan crear estados de ánimo, sembrar principios y valores, hacer hablar a todo lo que existe dándole una razón de ser en ese concierto mayor que es el universo.
En la obra narrativa de Eleodoro Vargas Vicuña se distingue dos cualidades: A.- La estructura breve; y, B.- La belleza de estilo sintético. La concreción de imágenes o universos en la palabra, fue una particularidad que lo distingue de los demás. Eleodoro no buscó motivos para su obra, lo encontró en lo que vivió.
DESCUBRIENDO HONDOS MISTERIOS: Pocos conocen la obra poética de Eleodoro Vargas Vicuña; mayormente, se conoce su obra narrativa: NAHUIN (Lima, 1953). Imprenta Ausonia). TAITA CRISTO (Lima, 1963. Populibros Peruanos). Premio Nacional de Novela Fomento a la Cultura "Ricardo Palma" l964; EL CRISTAL CON QUE SE MIRA (España  l976); y ÑAHUIN (Lima. Editorial Milla Batres 1976-78).
En poesía Eleodoro Vargas Vicuña, entregó un trabajo depurado. Su trabajo en poesía, lo publicó en: “Zora, Imagen de Poesía”(1984) y “Cántaro de Agua Enamorada” (1997). En su palabra encuentro esencias de vida, misterios develados. Es la expresión de una visión mayor, algo al que no se está acostumbrado. Es una búsqueda de esa razón, que se alimenta de aquellas verdades eternas, aquello que no alcanzan a comprender ni entender nunca los más de los mortales, por qué no la conocen. ("Así como/ la tierra, los árboles o nubes,/ tú serás el signo/ por quien vea el gesto interno/ de las cosas y/ pronuncie su nombre verdadero").
¿Cuantos -poetas- alcanzaron hacer una bella sinfonía, con sus versos? ¿Cuantos consiguieron encender una lámpara de luz  con su palabra, para alumbrar el horizonte de los demás?, ese fuego, es el que se debe de encender, para que arda más allá de todo tiempo y de todo espacio; un fuego que alumbre, y permita ver que es lo que hay más allá de toda esa superficialidad que nos envuelve; un fuego que arda como verdadera luz de vida. ("Soy/ el poseedor de lo inefable,/ lo desconocido y eterno./ He visto/ el mar, la montaña y el cielo").
Muchos tratan de encender la chispa, para alimentar hogueras e incendiar praderas, sin antes conocer el hondo significado que tiene la luz. Esa falta de conocimiento, hace que terminen ardiendo como teas o como bonzos en su propio fuego, para terminar como ceniza de un infierno. ("La vida,/ el amor, se entrega al mundo en una espiga").
La verdad, no está ahí en la primera formas que asoma a la vista, no está en el vestido que tiene cada cosa, ni en el maquillaje que se acostumbra poner a todo, como una exigencia o necesidad para tratarla de vender. La verdad está más allá y más acá de lo que se imagina uno. Está en el mismo ser de lo que existe, eso que no se alcanza a definir, está al alcance de todos en la verdadera poesía. ("mírame a mí, tócame háblame,/ yo no existo/ sino, entonces, cuando tú me miras").
En todo ese universo conceptual, que desarrolla en su discurso poético Eleodoro Vargas Vicuña, hay creatividad. El, descubre esa honda soledad, que como un silencio sabio lo acompañó toda su vida; un querer hablar callando, eso explica porque la obra narrativa y poética de Eleodoro Vargas Vicuña, no fue vasta. Lo que publicó es mucho más de lo que muchos publicaron. ("Eres como una puerta indiferente./ No sé si se abre, no sé si se cierra./ Es como si entrara y desapareciera,/ o como si saliera y me hallara amor,/ conmigo mismo, solo, escuchándome").
En esos dos libros, hay algo igualmente significativo. Los epígrafes que traen al comienzo, son como un cordón umbilical que los une en una misma verdad, y su milagro. La primera dice: "Soy, porque amor"; y, en el segundo, dice: "Busco en la oscuridad, donde alumbras". Eleodoro Vargas Vicuña, por eso dice: "No se sienten ni se explican los dos libros separados, son el cuerpo poético de una búsqueda de toda la vida". ("allí, el Amor mira por mis ojos,/ toca el cielo con la mano,/ habla los designios por mi boca;/ ahora, en el verano de la yerba/ cuando el mundo es tu cuerpo,/ tu cuerpo es el ánima del mundo").
Hay misterios que la palabra descubre con ingenio. En su poética hay una verdad, de la que pocos son dueños. En toda esa construcción, como elementos básicos de vida está el agua, está el fuego, está la tierra y esta el aire. Sumados todos ellos, está la vida. ("Como tu verdad, la espiga, es el poder./ Como éste poder es la vida, dime/ tú, constructor; raíz, de la palabra").
No es una simple concreción formal la que alcanzó, hay un logro mayor de vida en la forma y en la esencia de su palabra, ese milagro de vida late en su verbo. ("Es ella una visión de greda y fortaleza; / su corazón/ germina en la palabra ingenua que renueva").
El poeta llegó a conocer que "el Hombre es la conciencia, el corazón del Universo". Hay un filosofar, en su poesía, cuando dice: "Estoy hablando como él con seguridad diría: Tienes que sentir las cosas para saber lo que verdaderamente piensas". ("Vuelvo mis ojos a ti. / A la lluvia que te fertiliza, / a lo que arde y alumbrando / desaparece").

Toda esta verdad está en el libro, en la palabra poética de Eleodoro Vargas Vicuña: en él, no hay sólo una anunciación de algo, está la vida misma, alumbrando como una verdad, aquella que está en uno desde siempre, respirando con dificultad a veces, pero está viva. ("lo permanente crece. / Y soy / la total presencia de los frutos").



Tuesday, July 4, 2017

MARÍA EMILIA CORNEJO: EL DESPERTAR Y APRENDIZAJE DE LA VIDA (Por Teodoro J. Morales)

MARÍA EMILIA CORNEJO: EL DESPERTAR

 Y

APRENDIZAJE DE LA VIDA

Por Teodoro J. Morales


Nació en Lima en 1949, y murió en setiembre de 1972, producto de una sobredosis de pastillas. Se dice que, se había casado con Oswaldo Márquez. Tenía 23 años, cuando inicia su viaje a la eternidad. El  libro “En la Mitad del Camino Recorrido” (1989), poemario póstumo, publicado 17 años después de su muerte, reúne 31 poemas divididos en cinco secuencias.
Ella, en 1970, de manera confesional, se refiere a su inquietud que marcaría el camino de su vida: “Escribo desde temprana edad, con breves y largas interrupciones. A mi estancia en tierras mexicanas debo el haber empezado a escribir más o menos disciplinadamente. Actualmente trabajo y trato de estudiar un poco en la Universidad, aunque sé que terminaré siendo siempre autodidacta” (María Emilia Cornejo: El Sinóptico de la Poesía del 70” – Armando Arteaga).
Ella, estudió Literatura en la Universidad de San Marcos, y, participó en el Taller de Poesía dirigido por Hildebrando Pérez Grande y Marco Martos.  El primero de ellos, refiriéndose a ella, dice “Una tarde llegó María Emilia Cornejo, envuelta en el humo de su eterno cigarrillo, un poncho inquietante para resguardarse del frío y la soledad y ese aire sospechoso de no saber hacer con su vida”;  entretanto que el segundo, recuerda “vino al Taller de poesía de San Marcos, se formó acá”.
Los primeros poemas de María Emilia Cornejo, según se sabe, fueron publicados en 1970 en la revista “Gesta”; Isaac Rupay, en 1973, publica los poemas emblemáticos que la inmortaliza (“Soy la muchacha mala de la historia”, “Como tú lo estableciste” y “Tímida y avergonzada”), en la revista literaria “Eros”.
No hay que ser mezquino, sea cual fuera la verdad. “Ella se atrevió a presentar una voz femenina como yo poético que desnuda su pudor y condición de mujer para plasmar las contradicciones entre la vivencia del cuerpo y las consecuencias de sentir, amar y sufrir por ser el complemento del varón y ser ella misma”; al parecer, luego de su muerte, intereses ajenos al suyo como escritora y  ajenos al real  contexto de su expresión, la enrumban como “la iniciadora de la nueva corriente del erotismo de la poesía en el Perú”; Marco Martos, al margen de ciegos pasionismos  e intereses, ubica la expresión de María Emilia Cornejo en lo que realmente corresponde, dice “ella abre una ventana a lo desconocido, yo no sé por qué le dicen “poeta erótica”, yo creo, que el erotismo aparece en su poesía, no es el rasgo principal, el rasgo principal es la categoría mujer, que ella reclama” (Marco Martos: “La Poesía nunca me ha defraudado, es mi manera de estar en el mundo” de Juliane Angeles) - (1)
María Emilia Cornejo, dice: (“hubiéramos querido tener en nuestras manos / la eternidad de nuestras vidas”). En verdad, no sabía que había nacido con ella. Tuvo que morir, para que esa verdad hablase por si sola.
Al parecer, la vida no le fue fácil; dentro de ella, se debatía dilemas y conflictos … “miedos milenarios por salir”. Todos tenemos, en nuestras vidas, que enfrentarnos a realidades difíciles para realizar el proyecto de vida que nos proponemos hacer hablar. Ella, tuvo que vivir, enfrentarse a todo, sufrir hasta hacer sangrar su vida, para escribir sobre ella. Solo así pudo entender muchas cosas, llegar a la verdad que se le negaba conocer: (“sólo ahora / cuando me siento en la mitad de todos mis caminos / atada a frases hechas / a cosas que se hacen por  haberlas aprendido / como se aprende una lección de historia, / puedo pensar / que de nada sirvieron los consejos / ni las interminables conversaciones con tu madre, / y esas largas horas de mi vida / perdidas / en aprendizajes extraños / sobre pesas y medidas, / colores / y / sabores / y / en el vano intento de ir tras el sol / tras el vuelo de los pájaros, / de repente quiero acabar / con mi baño de todas las mañanas, / con el café pasado, / con mi agenda cuidadosamente estructurada / de citas y visitas / a las que asisto puntualmente; / pero es tarde / hace frío / y estoy sola”).
La verdad estuvo en ella, adherida como un vestido a su vida, como algo inseparable que era su verdad a todo. Eso no lo sabía. Ella, se abre en su expresión, al hacerlo, hace sangrar su vida, la desgarra de tal manera, enfrentándola a esa formación conservadora de sus contemporáneos; desnuda su alma, exhibe lo que era considerado pecaminoso; y fue descubriendo a la vida, como conocimiento en un libro: (“tímida y avergonzada / dejé que quitaras lentamente mis vestidos, / desnuda / sin saber que hacer y muerta de frío / me acomodé entre tus piernas / ¿es la primera vez? / preguntaste, / sólo pude llorar. / oí que me decías que todo iba  a salir bien / que no me preocupara, / yo recordaba las largas discusiones de mis padres, / el desesperado llanto de mi madre / y su voz diciéndome: / “nunca confíes en los hombres”. --- “Comprendiste mi dolor / y con infinita ternura / cubriste mi cuerpo con tu cuerpo, / tienes que abrir las piernas, murmuraste, / y yo me sentí torpe y desolada”).
Ella, se enfrenta a un mundo lleno de convencionalismos, en el que vivía presa como en una prisión donde, de manera obligada, tenía que vivir como algunos querían. No se dejó anular por  el sistema, y entendió que la mejor manera de enfrentarse a eso era romper aquel cerco de esclavitud que se había impuesto, usar la palabra como la mejor arma para conquistar esa libertad que no tenía y que se le negaba. Empezó por enfrentarse a tabús, como la sexualidad; y en su tarea liberadora hizo lo que tenía que hacer. Dice (“después de un lento aprendizaje / pude reconocer sin equivocarme / las formas de tu cuerpo, / besar tiernamente tus mejillas / y saber con exactitud / las dimensiones de tu falo, / ahora, cada encuentro se convierte / en el hecho cotidiano de besarse / meternos en la cama y repetir / los movimientos del amor / tu cuerpo se estremece a cada orgasmo, / yo te pido más / y en la necesidad de recuperarte / mis labios exploran tu pubis, / para entonces / cansado y sudoroso / mis senos abrigan tu sueño”). Lentamente va mostrando a todo el mundo, algo que bien se conoce; algo que se realiza casi constantemente sin que nadie se asuste de ello; pero que, cuando se muestra a la luz se escandalizan, y se quiere negarla; ella, con su expresión da, como una bofetada a esa falsa moralidad que se pregona; ella, descubre y va desojando pétalo a pétalo esa margarita que es la vida (“entro lentamente por tus venas / hasta inundar / todos los rincones de tu cuerporescato tu nombre milenario / en cada arteria / te pierdo y me encuentro / en la profundidad de tu mirada / sin compañía alguna / invado tus pulmones / y vivo / y me recreo / con el aire que respiras / avanzo por debajo de tu piel / y organizo con exactitud / el metabolismo de tus penas / y tu cuerpo se convierte / en la zona sagrada de mi vida”). Son lecciones, en las que ejerce todo un magisterio con una sabiduría que asusta, por la sinceridad de su discurso (“descubrimos las mil formas del amor; / mis senos como palomas alimentaron tus angustias / y tus pasos de perdían locos en la llanura de mi vientre, / ¡oh! fauno enamorado / cabalgas sobre mí desesperadamente. / tus labios tomaron posesión de mi sexo / y una lluvia de estrellas baño nuestros cuerpos / y tu semen vino a mí curando todas mis penas”).
Muchos, toman la vida a la ligera: la ven superficialmente; pocos, se atreven a interiorizarse en ella. Para nadie la vida es fácil. Hay que saber conquistar la dicha para que sea lo que se desea. No es cosa de repetir lo que se dice de ella, o lo que vivieron otros, para creer que  eso basta. Es tan compleja la existencia; cada uno, tiene que encontrar su camino para llegar a esa meta donde le está esperando la muerte, para darle descanso. Hay que saber vivir con entereza y valentía.
En la poesía peruana, María Emilia Cornejo, asoma a fines de la década del setenta. Irrumpe con una expresión atrevida a su momento. Muchos se rasgaron las vestiduras, palidecieron, al escuchar o leer sus poemas;  ella, se atrevió a ser lo que tenía que ser por sobre todo: POETA. Eso la inmortalizó. Se ha dicho, que “en los pocos poemas que logró escribir dio un vuelco a la poesía peruana escrita por mujeres” --- “que la mayor porción de la poesía escrita por mujeres en todo el siglo XX ha sido una poesía edulcurona, repetitiva, poco creativa”; y que, su expresión “se atrevía a trastocar los roles en la sociedad patriarcal, porque abordaba la inconveniente, y hasta cierto punto, lo prohibido”. Ella, por todo eso, gano un lugar donde la gloria le rinde homenaje; por qué, “se atrevió a presentar una voz femenina como yo poético que desnuda su pudor y condición de mujer para plasmar las contradicciones entre la vivencia del cuerpo y las consecuencias de sentir amar y sufrir por el ser el complemento del varón y ser ella misma”.
Su poema emblemático, dice: (“soy / la muchacha mala de la historia, / la que fornicó con tres hombres / y le sacó cuernos a su marido”. --- “soy la mujer / que lo engañó cotidianamente / por un miserable plato de lentejas, / la que le quitó lentamente su ropaje de bondad / hasta convertirlo en una piedra / negra y estéril, / soy la mujer que lo castró / con infinitos gestos de ternura / y gemidos falsos en la cama”).
Muchos leyeron sus poemas de pasada, pocos se detuvieron a compartir sus emociones intensas, a tratar de comprender ese deseo de vivir y de amar de manera verdadera. Nadie escucho su voz, y en 1972 se suicidó. Tenía 23 años, pero vivió la vida, en una dimensión que pocos lo hacen.
Leo sus poemas, y encuentro en ellos una honda soledad; aquella, se había adueñado de su ser: (“la soledad abrumadora de mis días / se acrecienta en mis oídos / hasta hacerlos estallar, / ya nadie respeta mis decisiones; / soy la hija extravagante y loca / que hay que rescatar. / entonces / cada palabra mía se convierte / en un grito desgarrador / sin eco y sin respuesta”).
Su vida –en su palabra- se hizo mito, y ahora es leyenda. Nadie, ni ella misma, esperaba que su palabra abriera nueva brecha en la expresión. Marca un antes y un después. Quiso amar y ser amada; y para alcanzar ese sueño: se atrevió a ser libre a su manera, y vivió sin temor a nada.
Ella, nació para marcar un hito como mujer en la poesía peruana. Hildebrando Pérez Grande, bien dice “Los poemas de María Emilia han crecido desde entonces ante los lectores y seguirán creciendo más sin duda alguna; es más, creo que alcanzarán alturas insospechadas al margen de las acertadas propuestas o enmiendas que es ese entonces José y Elqui le alcanzaron a la muchacha mala de la historia. El tiempo ha legitimado su autoría. En el imaginario y en el paisaje de la poesía escrita por mujeres en el Perú, siemPRe estarán fundidos aquellos poemas con la imagen de aquella joven que, una tarde sin nombre, ingresara al Taller de Poesía de San Marcos envuelta en el humo azabache de su cabellera nocturna”; y así será.
La presencia de María Emilia Cornejo fue fugar. Armando Arteaga la conoció, y al describirla, dice: “misteriosa y silenciosa, amable y agradable en su conversación, su presencia frondosa y su ternura ideal”. Así seguirá viviendo.  “Su temprana muerte segó una personalidad de talento que, a tenor de los textos transcritos, representa una voz individual, tersa, capaz de transformar la angustia y el desencanto de una especie de parábola sobre el amor y el tedio, la soledad y la auto destrucción” (Antología de la Poesía Peruana, Tomo II (1960-1973). Prólogo, Selección y Notas de Alberto Escobar. Ediciones PEISA, 1973). No la conocí personalmente, ella llegó a mí a través de su palabra, y vivirá siempre en mi espíritu.

Ella, apenas si se dio un espacio limitado de tiempo para vivir, y le bastó para hablar de su verdad; ella, vivirá siempre “como la adolescente, la contestataria, la que se atrevió a develar la verdad y lo hizo, para decirlo con sus palabras “como una piedra que cae” y que deja para siempre sus ondas en el agua” (Mariela Sala).


GUSTAVO VALCÁRCEL: EN LA VERTIENTE DE 

UNA POESIA MILITANTE

Por Teodoro J. Morales



No todos los días nace un poeta; ni todos los poetas asumen en su palabra un compromiso y una militancia. En el Perú, la poesía se encontraba inmersa en letras de los huaynos y otras canciones de la tierra, y desde esas vertientes fue evolucionando hasta alcanzar la altura y grandeza que ahora se le conoce.
La construcción de una poesía, como expresión literaria, al parecer, empieza a afirmarse en la década del cincuenta. Uno de sus exponentes, es: Gustavo Valcárcel.
Él, nació en Arequipa en 1921. Estudio en las Facultades de Ciencias y Letras de la Universidad Mayor de San Marcos. En 1947, en los Juegos Florales Universitarios, convocados por dicha Universidad, gano el primer premio por “Deleite de Tortura” presentado con el seudónimo de Lucifer. El Jurado (Manuel Beltroy – Rodolfo Ledgard – Estuardo Núñez – Augusto Tamayo Vargas – Alcides Spelucín), en el Acta que emitió, dice: se trata de “doce sonetos de muy fina expresión y agradable musicalidad; todos ellos lucen una notoria riqueza de imágenes, que vierten en los rigurosos moldes de sus estrofas la moderna sustancia, propia de una poesía fluida y  sugerente, desarrollada en torno del matiz y las transiciones sutiles y en la cual las diversas tonalidades de la emoción, hasta la amargura misma, cobran luz y mesura de perfecta serenidad y seguro equilibrio”. A esos poemas, luego, se agregó otros, hasta sumar 28; y les puso el título definitivo de “Confín del Tiempo y de la Rosa”, el que, ese mismo año, fue distinguido con el Premio Nacional de Poesía.
Xavier Abril, dice “Los poetas lo son a condición de conocer la composición de su medio y de su época. El acierto más profundo de la poesía lo gana el hombre que más sufre tiempo y asunto de su experiencia. Lo demás es eso: juegos de salón y anquilosamiento de formas vacías”; y refiriéndose a la expresión poética de Valcárcel, indica que “El poeta ha iniciado su tarea de intérprete del mundo porque expresa en primer lugar al hombre, más que a cualquier otro problema circunstancial como la geografía o el paisaje del país. Paisaje y geografía cuentan en la medida que existe el hombre libre y responsable. El paisaje del mundo es hermoso cuando el hombre, el poeta, libera al siervo en el canto y en la realidad”.
La vida de Gustavo Valcárcel, no la tuvieron todos: siendo adolescente asume un compromiso político de realización social. En setiembre de 1940 fue  fichado como un vil delincuente, tenía 18 años, por razón de sus ideas. Seis veces estuvo detenido, por ese motivo. Todo eso le significó, sufrir muchas penurias. Dice (“marcha mi angustia en cuatro patas / marcha mi valor infantil orinándose a escondidas”). No todos bebieron de sus lágrimas amarguras, ni todos tuvieron el valor suficiente para no caer rendidos ante tanto infortunio que le vino atropelladamente. (“Cómo no darle paz a nuestras lágrimas / si la música del aba suena a vida”. (…) “Dime entonces cómo no ser ya buenos / después de haber sufrido tanto”). ( …  …) (“Si nos hemos de morir brindemos un buen rato a la salud de nuestros huesos / y no temamos nada / porque la muerte es sólo la madera / que nos arroja el tiempo / para probar el fuego de una vida”).
El sufrimiento, no le quito el lado bueno de la vida. No se dejó vencer, y tuvo el valor suficiente para sobreponerse a todo y salir triunfante. (“Antes yo te escribía desde mi juventud / convertida en un gran reloj de cárcel / en romance de piedra, en pasto policial, / en tristeza y tristeza de mis ojos proscritos. / Incomunicado, entonces te escribía / desde una celda o cueva / donde tu nombre era lo único viviente”. (…   …) “Después de tantos meses de silencio / sentí esta mañana el deseo de escribirte / de escribirte una cosa muy sencilla: / para tanto amor, hemos sufrido poco / para tanto amor, hemos hablado poco, / para tanto amor, no hemos vivido nada”. (…) “Vivir -¿me oyes?-, vivir un día nuevo / en el que nadie nos persiga / ni nadie nos embargue / ni se nos corte la luz por unos pesos / ni se nos acuse de extranjeros”.(…) “Vivir un día nuevo / en el que trabajemos sin lágrimas ni odios / pudiendo sentirnos camaradas de todos / y en el que por fin nos sea devuelto / el Perú de tus entrañas, nuestro Perú del llanto”.(…) “Vivir --¿me oyes?--, vivir un día nuevo / en el que la vergüenza no nos astille el ojo”. (…  …) “Ven pronto, estrella y mar, música terrestre / aquí te espero y mientras llegas / empezaré a amar el porvenir / hecho luz entre tus ojos / pan en las manos de los niños / leche en tus senos, ala en tu voz, / verso en tu cuerpo, rayo en tus labios / eternidad en tu grito de gran madre”).
En la vida del poeta hubo todo un periplo, lleno de sufrimientos por obra de la injusticia impuesta por el sistema. El poeta, dice: (“dónde está el pan que se pueda comer sin menoscabo / dónde está el vino que se pueda beber sin detrimento / dónde la col o la legumbre / que no tengan sabor a funeral”). Nunca declino a esa convicción que lo mantuvo firme y en pie. (“Cómo no darle paz a nuestras lágrimas / si la música del alba suena a vida. (…) Dime entonces cómo no ser ya buenos / después de haber sufrido tanto”).
En “Cantos del Amor Terrestre”, habla del amor. El tema lo aborda con dulzura, con el sentimiento que anima a todo lo que existe en el mundo. Pocos se acercaron a la palabra de este poeta, por eso, no lo conocen; por eso, no vibraron con esa emoción que hace hablar a todo. (“¿Quién ha dicho que en plena medianoche / no debe hacerse un canto de amor puro? / Si somos gotas de alba entre las sombras / cantemos al amor amaneciendo”).
El amor es lo más grande, lo más bello y hermoso cuando realmente se entiende cuál es ese sentimiento (“Tu presencia es la vida, un mar inacabable, / estás en todo el mundo, nace el mundo en tus ojos, / te miro sobre el tiempo y te amo bajo el tiempo / porque eres un instante que nunca pasará”). Así de sencillo y simple es el amor cuando se le entiende, cuando se ha vivido en ella; y uno termina “escribiendo el poema inédito del hombre”. Eso valió para que Alberto Hidalgo, refriéndose a su poética, dijera “Estás prendiendo estrellas en el cielo del Continente”.
En una de las instancias de ese libro, el poeta dice: (“Dormir, preludio breve de un descanso sin fin, / viene a ser el ensayo de ausentarnos del mundo; / dormir nunca me alegra porque es vivir muriendo, / con los ojos cerrados, en un planeta extraño”. (…) “¡Qué terrible sentir un dolor en la noche, / mirar todo apagado, ser un trozo de sombras, / oír que nada se oye, oler la vida inmóvil, / y paladear el luto de una orfandad inmensa!”).
El poeta humaniza al amor en su palabra, hace que se transfigure, que se convierta en agua, luz. (“Te amo dulcemente como raíz de agua / y mi pobreza sueña comprándote rosales / llevándote de viaje por islas deslumbrantes / donde alza la alegría su arquitectura de agua”)(…   …) “Todo lo que te toca tiene un fragor de luz, / con todo lo que tocas posible hiciste el tacto / y el rozar de tu piel le dio origen al fuego, / oh, estrella que yo toco; oh, lucero tocado”).
Hay una honda sensibilidad que habla, que descubre ese sentimiento y lo transmite. Cuando se habla de amor todos se hunden en una pasión mundana donde el deseo construye diversión y fiesta. Gustavo Valcárcel, encuentra al amor en una dimensión distinta, donde el sentimiento nace y crece como un sentimiento místico. (“Si me miras y callas me siento como un niño, / más, si me miras y hablas me siento todo un hombre, / porque son tus miradas un aletear de Luna / y porque en tu voz gira el idioma terrestre”.(…) “Tu palabra madura tras los ocasos rojos, / en un dormir de lluvias, bajo el rumor astral; / por eso cuando tú hablas suelo cerrar los ojos / para sentir eterna la música del mundo”.(…   …) “Tu palabra es el polen por donde baja el cielo / de brinquito en brinquito hasta llegar a mí; / y tu callar parece una escalera al aire / donde sube mi aliento a suspirar por ti”. (…) “No calles nunca, nunca… tu sonido es la dicha / y la dicha se escucha después de haber sufrido; / no calles nunca, nunca…porque el olvido empieza / por un dejar de hablarse y es un silencio atroz”. (…) “Háblame siempre, vida, de todo lo que es bello, / Cuando yo era muy niño dejó de hablar mi padre, / mi madre hizo silencio de tanto que sufrimos / y entonces la tristeza se entristeció de mí”. (…) “Quiero que hablen tus hijos con amor y belleza, / que hablen de un mundo nuevo sin odios ni mordazas, / porque hablando los hijos, después que nos muramos, / seguiremos nosotros hablando eternamente”).   
Diego Rivera, en las palabras del Preámbulo que escribe para el libro dice,  son “versos de amor creados con el verdadero lenguaje del poeta de este tiempo, que no puede ser otro que el lenguaje del pueblo”.
Cantos del Amor Terrestre”, está ahí esperando que todos se acerquen a esos poemas que son testimonios de amor humanizado. (“Tu presencia es la vida, un mar inacabable, / estás en todo el mundo, nace el mundo en tus ojos, / te miro sobre el tiempo y te amo bajo el tiempo / porque eres un instante que nunca pasará”).
Casi toda la poética de Valcárcel es confesional. Habla de lo que le toco vivir (“Perseguido, enfermo, preso, roto y desterrado. ¿Es esta / la patria de amor que me ofrecieron? ¿Esta es la paz de que me hablaron al pie del estanque en que nací?). Esa es la historia que tuvieron muchos en el Perú. (“Comámonos las uñas amargas del / quejido. Volteemos la página en sangre de este día”). Es dura la realidad que le toco vivir, pero no se rindió, y no pudieron vencerlo (“HOMBRE, camarada, hermano mío, creo sangrantemente en ti. Tu humanidad me hace renacer a cucharitas. / No he perdido la fe, sería injusto. Me nace a borbotones / un deseo incontenible de darte mi existencia. La razón de / mi ser y la sinrazón de mi morir. Te pertenezco en alma / entera, dame tu mano mundial de barro firme”. (…   …) “Podrán decirme todo, menos que no te / amé con cada poro. Podrán encerrarme, golpearme, destrozarme, pero al día siguiente mi polvo y mi palabra estarán / en el combate. Debes creerme, hombre, hombre y camarada, estoy contigo desde el talón hasta el meñique, y de / tu brazo retornaré a la tierra, al filo de la hoz hecha / martillo”).
Esta es la palabra que como un testimonio de fe, deja como legado Gustavo Valcárcel (“Búscame en la palidez / de las fotografías viejas / color del tiempo desteñido, ¡ven! / rebusca los pozos sin broquel / observa las espaldas de los biombos oscuros / el luto del ciprés incomprendido. / Y si no logras encontrarme / será porque me he ido / a jugar a escondidas con la muerte”).